Australadas

La vuelta al disco

El imperio de la digitalidad ha traído consigo posibilidades infinitas y al mismo tiempo ha definido de tajo el curso de la historia. Y con ello la manera en que se consumen sus recursos. Aunque la era del vinil ha regresado por sus fueros y aún está vigente la edad del disco compacto, mucho de lo que apreciamos sonoramente tiene demasiado de particular y poco de general. El disco como concepto se ha visto desplazado por los cortes en mp3, que en su atomización encuentran su mejor y peor posibilidad. Cortes desmembrados del conjunto para el que fueron concebidos en aras de una selectividad emergente, por un lado, y de una fragmentada comprensión de una obra entera por el otro.

Así es esto de la música de urgencia, lista para descargarse a partir del hit de moda o la rola de necesidad. Y aunque el método de los sencillos es un artilugio de la mercadotecnia que se ha empleado por décadas, nunca como ahora el disco en su totalidad ha perdido su efectividad. Por eso encontré tanto placer al redescubrir un empolvado texto en la biblioteca personal, que bajo el nombre de "The 500 greatest albums of all time" editó hace algunos ayeres la revista Rolling Stone gringa. Como es de esperarse, se trata de un trabajo de estupenda manufactura que rinde tributo a las producciones mejor logradas de la historia, fundamentalmente de la música pop.

Los creadores del concepto reunieron a una gran cantidad de profesionales de la industria discográfica para pedirles que enlistaran los discos más definitorios de los últimos cincuenta años. Y el resultado, aunque por un lado es un tanto predecible, se convierte en un deleite al revivir la era en la que el disco era ese todo que narraba historias hiladas o no, pero que conservaba ese aire de congruencia temática y de producción. En el documento aparecen, obviamente, The Beatles como la banda más influyente de la historia, con diez discos, cinco de ellos en los primeros quince lugares. Desde el Sgt Pepper´s Lonely Hearts Club Band, pasando por Revolver y Rubber soul, hasta llegar a The white album y finalizar con Abbey Road.

La versión individual de la deidad pagana es encarnada por un tal Bob Dylan, con nueve discos, incluidos Highway 61 revisited (lugar cuatro del listado), Blonde on blonde, Blood on the tracks, Bringing it all back home y The freewheelin´ Bob Dylan; además del clásico The basement tapes que grabara con The Band. Honor a la verdad y a la piedra más rodante que ha existido. Otros obligados por persistencia y longevidad (satánica y majestuosa) son The Rolling Stones, con diez producciones en las mejores 500. Ahí están para regocijo de los musicópatas Exile on main street, Let it bleed, Beggar´s banquet y el célèbre Sticky fingers, sólo por mencionar un puñado de ellos.

Y con menos presencias pero igual de seductores con sus obras integrales de larga duración están Bruce Springsteen, (8), The Who (7), Elton John y David Bowie (6 cada uno), Bob Marley, Led Zepellin y U2 (5) y The Grateful Dead (4). En prácticamente todos los casos se trata de trabajos de principio a fin, de un arte que lleva de la mano al escucha del primer corte al último, y que enuncian la importancia del álbum entero, a pesar de los esfuerzos por fragmentarlo en canciones para la radio o para su indiscriminada y canalla descarga electrónica.