Australadas

Con v de vendetta

Justo cuando el horno no anda para bollos, cuando se nosestá haciendo bolas el engrudo, cuando “estamos viendo y no vemos”, se nosaparece un heredero de las glorias de Chuck Norris y nos devuelve la fe en esacriatura hipotética y pintoresca, más propia de la ciencia ficción, llamadajusticia. ¿Cómo estarán las cosas en este país tan dado al nabo para que lasautoridades se hayan dado cuenta de que el agua llegó a los aparejos y esmomento de ponerse a trabajar?

La presencia de un HOVNI (acróstico de Hombre Vengador NoIdentificado) viene a renovar esa bonita tradición de personajes que, ante laineptitud de los empleados encargados de hacer justicia, se antojanindispensables para poner las cosas en su lugar. Particularmente a los mañososque llevan años viviendo a sus anchas, a los perezosos burócratas que se lesfrunce el asterisco de pensar en hacer frente al crimen, y a la raza en generalque ya se había acostumbrado a vivir con lo que hay.

En estos días aciagos donde nos tienen a pan y reata, con elpan a punto de acabarse, la sola suposición de que un vengador anónimo rondelas calles en busca de quién se la hizo y quién se la pague, es poco menos queun bálsamo para la raza. En especial si consideramos que el temor a que lescaiga la voladora a los delincuentes es latente. Cosa que muy probablemente noocurriría de tratarse del aletargado y estorboso aparato de prevención ycombate al delito.

Hacerle al Norris, al Van Damme, al Seagal y hasta alStallone (sin la mamucada de “te hace falta ver más bax”), es volver la vista auna época donde el mal siempre tenía su merecido, sin importar el tiempo quehubiera pasado infligiendo dolor en la sociedad. Es guardar una lucecita deesperanza (¡ay, mi vidoooo!) que nos haga creer que todo va a estar bien(aunque sólo sea una puerca mentira). Pero sobre todas las cosas esaproximarnos a una suerte de poética que haga posible la justicia, aunque seapor propia mano.

Lejos del onanismo que ello pudiera sugerir, es un buen pretextopara poner a trabajar a quienes deberían cuidarnos. Y de paso poner a temblarlas cañitas de las ratas que tienen tomada por asalto esta geografía. Más queal estilo Fuenteovejuna, todo apunta a que ha llegado el reinado de la venganzacon toques de “Joligud”. A menos que tenga tintes de los hermanos Almada,porque entonces sí ya bailó Berta. Y ni justicia ni diversión, puros churrosinfumables.

Justo cuando el horno no anda para bollos, cuando se nosestá haciendo bolas el engrudo, cuando “estamos viendo y no vemos”, se nosaparece un heredero de las glorias de Chuck Norris y nos devuelve la fe en esacriatura hipotética y pintoresca, más propia de la ciencia ficción, llamadajusticia. ¿Cómo estarán las cosas en este país tan dado al nabo para que lasautoridades se hayan dado cuenta de que el agua llegó a los aparejos y esmomento de ponerse a trabajar?

La presencia de un HOVNI (acróstico de Hombre Vengador NoIdentificado) viene a renovar esa bonita tradición de personajes que, ante laineptitud de los empleados encargados de hacer justicia, se antojanindispensables para poner las cosas en su lugar. Particularmente a los mañososque llevan años viviendo a sus anchas, a los perezosos burócratas que se lesfrunce el asterisco de pensar en hacer frente al crimen, y a la raza en generalque ya se había acostumbrado a vivir con lo que hay.

En estos días aciagos donde nos tienen a pan y reata, con elpan a punto de acabarse, la sola suposición de que un vengador anónimo rondelas calles en busca de quién se la hizo y quién se la pague, es poco menos queun bálsamo para la raza. En especial si consideramos que el temor a que lescaiga la voladora a los delincuentes es latente. Cosa que muy probablemente noocurriría de tratarse del aletargado y estorboso aparato de prevención ycombate al delito.

Hacerle al Norris, al Van Damme, al Seagal y hasta alStallone (sin la mamucada de “te hace falta ver más bax”), es volver la vista auna época donde el mal siempre tenía su merecido, sin importar el tiempo quehubiera pasado infligiendo dolor en la sociedad. Es guardar una lucecita deesperanza (¡ay, mi vidoooo!) que nos haga creer que todo va a estar bien(aunque sólo sea una puerca mentira). Pero sobre todas las cosas esaproximarnos a una suerte de poética que haga posible la justicia, aunque seapor propia mano.

Lejos del onanismo que ello pudiera sugerir, es un buen pretextopara poner a trabajar a quienes deberían cuidarnos. Y de paso poner a temblarlas cañitas de las ratas que tienen tomada por asalto esta geografía. Más queal estilo Fuenteovejuna, todo apunta a que ha llegado el reinado de la venganzacon toques de “Joligud”. A menos que tenga tintes de los hermanos Almada,porque entonces sí ya bailó Berta. Y ni justicia ni diversión, puros churrosinfumables.

Justo cuando el horno no anda para bollos, cuando se nosestá haciendo bolas el engrudo, cuando “estamos viendo y no vemos”, se nosaparece un heredero de las glorias de Chuck Norris y nos devuelve la fe en esacriatura hipotética y pintoresca, más propia de la ciencia ficción, llamadajusticia. ¿Cómo estarán las cosas en este país tan dado al nabo para que lasautoridades se hayan dado cuenta de que el agua llegó a los aparejos y esmomento de ponerse a trabajar?

La presencia de un HOVNI (acróstico de Hombre Vengador NoIdentificado) viene a renovar esa bonita tradición de personajes que, ante laineptitud de los empleados encargados de hacer justicia, se antojanindispensables para poner las cosas en su lugar. Particularmente a los mañososque llevan años viviendo a sus anchas, a los perezosos burócratas que se lesfrunce el asterisco de pensar en hacer frente al crimen, y a la raza en generalque ya se había acostumbrado a vivir con lo que hay.

En estos días aciagos donde nos tienen a pan y reata, con elpan a punto de acabarse, la sola suposición de que un vengador anónimo rondelas calles en busca de quién se la hizo y quién se la pague, es poco menos queun bálsamo para la raza. En especial si consideramos que el temor a que lescaiga la voladora a los delincuentes es latente. Cosa que muy probablemente noocurriría de tratarse del aletargado y estorboso aparato de prevención ycombate al delito.

Hacerle al Norris, al Van Damme, al Seagal y hasta alStallone (sin la mamucada de “te hace falta ver más bax”), es volver la vista auna época donde el mal siempre tenía su merecido, sin importar el tiempo quehubiera pasado infligiendo dolor en la sociedad. Es guardar una lucecita deesperanza (¡ay, mi vidoooo!) que nos haga creer que todo va a estar bien(aunque sólo sea una puerca mentira). Pero sobre todas las cosas esaproximarnos a una suerte de poética que haga posible la justicia, aunque seapor propia mano.

Lejos del onanismo que ello pudiera sugerir, es un buen pretextopara poner a trabajar a quienes deberían cuidarnos. Y de paso poner a temblarlas cañitas de las ratas que tienen tomada por asalto esta geografía. Más queal estilo Fuenteovejuna, todo apunta a que ha llegado el reinado de la venganzacon toques de “Joligud”. A menos que tenga tintes de los hermanos Almada,porque entonces sí ya bailó Berta. Y ni justicia ni diversión, puros churrosinfumables.