Australadas

El sexo que ama demasiado

Por razones que no voy a contar me he recetado algo así como treinta horas embebido en una serie de televisión. No ha sido Breaking bad, ni The Big Bang Theory, aunque en su momento lo consiguieron. Tampoco Game of thrones ni The walking dead, que me resultan inclusive. De hecho la serie en cuestión tiene más de tenochca que un vaso de esquites fritos con chile piquín y casi nada de actual, como no sea su temática.

Se trata de El sexo débil, una producción de Argos que, según he indagado en el chisme cachetón, fue transmitida hace unos cuatro años por Canal 28. La Mengana es, al mismo tiempo, responsable de mi flamante adicción (como si no tuviera uno ya suficientes a estas alturas del partido) y cómplice de largas sesiones de exposición ininterrumpida, gracias a los buenos oficios de Netflix.

La historia gira en torno a un clan de médicos en cuyo nivel de testosterona reside el mayor de sus lastres. Y en la que las mujeres que pueblan sus vidas deciden, por asuntos de hartazgo, tomar las riendas de sus vidas y dejarlos con un palmo de narices. El drama, cuya eficacia nos ha tenido pegados a la tele retrata una más de las estrategias de la posmodernidad por situar en un ámbito de equidad a la eterna lucha de género.

Como una cosa lleva a la otra, de pronto me encontré naufragando en internet con un detrás de cámaras de la serie, y cuando menos me di cuenta ya estaba inmerso en un sitio inspirado en el libraco "Mujeres que aman demasiado", de Norvin Norwood. Nunca he sido partidario de los textos de restaurante, de esos que uno encuentra en Sanborn´s o en el California, pero nada más por curiosidad y para continuar en el chisme fue que me leí un poco de su tesis.

Lo que siguió fue un deambular por sitios de autoayuda para mujeres en estado de conflicto emocional, con la autoestima lastimada y las ganas de vivir cifradas en un hombre, de esos que, cito textualmente, "eligen a las mujeres que aman demasiado". Y entonces llegó el golpe de conciencia que ya se gestaba desde la recepción de la serie y el latigazo crítico de que amar en demasía no por ser más frecuente y visible en las mujeres, es exclusivo de su género.

Total que para darle cause útil y no perderme en el intento, lo más sensato fue dejar por la paz el libro y los sitios web, que la mera verdad a esas alturas ya comenzaban a caerme gordos (supongo que por la veracidad de sus testimonios), para pretextarlos como ineludible tema para la Caja Acústica, el espacio del 91.7 FM dedicado a celebrar el circo beat de los sentidos a través de la música.

La emisión fue dedicada a esas féminas que sienten en demasía, pero sin psicoterapeuta de por medio, ni diván, ni chochos, ni zarandaja alguna. Me acompañaron Ely Guerra, con "Te quiero, I love you"; Presuntos Implicados y "En la oscuridad"; Luz Casal, con "Te dejé marchar"; Aterciopelados y "Rompecabezas"; Cecilia Toussaint, con "Para quererme más", y Mecano, con "Tú". Además de Nacha Guevara, Betsy Pecanins, Pita Amor, Idea Vilariño, Gabriela Mistral y hasta Frida Kahlo.

Todo con tal de exorcizar a los demonios de la inequidad y cantarle al amor excesivo, a ese que derrumba y también al que edifica, que no es el mismo, aunque a veces haya a quien le parezca y le duela igual.