Australadas

N P M


A Paco Barrios lo conocí hace unos diez años. Había llegado de no sé dónde para una charla en Radio Mexiquense un sábado de verano, de esos en los que da flojera mover el cuerpo nomás del puro calor. "¿Qué pasó carnalito, a qué hora es la entrevista?", preguntó con la modorra y el cansancio de horas de manejo y quizá de una trasnochada marca diablo. "No te apures, Paco", le contesté, "podemos hacerla a las cinco". "Chido carnal, me voy a echar un sueño en La Chingadera y regreso al rato entonces", sentenció, mientras se subía a su Combi dejando la puerta corrediza abierta para que le diera el aire.

Con Armando Vega-Gil la cosa fue por el mismo tenor. Una entrevista en uno de esos antros de mala muerte y buen rocanrol que abren y cierran a cada rato en el centro de Toluca fue el lugar. Tocaba con El Palomazo Informativo, un grupo de sátira política en el que hacían de las suyas él, Fernando Rivera Calderón y Martín Durán. Por el escándalo de la "música" que ponían en "El área chica" tuvimos que salirnos al "Peyot(e)", el auto en el que me movía rápido y furioso por la ciudad, y que de pronto se convirtió en estudio de grabación donde acabamos haciendo la dichosa entrevista.

Fue en un malogrado concierto en "El baúl" donde finalmente pude conocer a Sergio Arau, quien junto con los otros dos botellos no daría la tocada ahí sino hasta varios meses después, debido a las quejas de los vecinos del rumbo, a la paranoia de los zurdos toluqueños anti Peña Nieto y a la informalidad del bananero antro en cuestión. Eso sí, cuando echaron guacarrock fue la hostia y uno de esos momentos para no olvidar. Tener a Botellita de Jerez a tres metros de distancia, en un concierto como para 50 carnales no ocurre todos los días. Lo que más me sorprendió fue el sonido tan espectacular que tres tipos podían conseguir, sin alharaca tecnológica ni efectos especiales y la "buenaondez" a tope.

Varias veces me he vuelto a encontrar con ellos de una u otra forma. Con El Mastuerzo hablando de cocina del país Vasco; con El Uyuyuy recetándome el documental Naco es chido, que hizo basado en hechos más o menos reales de Botellita de Jerez. Y con El Cucurrucucú leyéndolo en su Diario íntimo de un guacarroquer. Escuchando y volviendo a visitar el Súperespecial de Botellita desde La planta de luz; el Busca amor, el Forjando patria y el Niña de mis ojos. Recreando la lengua con su apuesta por El laberinto de la soledad IV y festejando la indeclinable voluntad por hacer de la leperada y el albur una forma de vida, sin importar que con ello me aflore el código postal como que no quiere la cosa.

Y aunque regresaron de su semi-retiro-semi-separación, acabaron refundando la HH Botellita sin Sergio, pero agregando a dos sospechosos comunes: El Sr. González y Santiago Ojeda. Y lo mejor de todo, con disco bajo el brazo. El celebrable "No pinches mames", que de tanto insistir en la rolita homónima, nomás por el puro arte de la influencia, a algunos pupilos de la universidad se les ha pegado la tonada y ya andan por ahí mascullando "Tú dices quema mucho el sol, yo digo quema más la luna...". Eso es una chulada, digna de Lo pior del estuche de peluche. ¡Abuelita de Batman!