Australadas

Para muestra basta un rolón

No cabe duda que la vida es generosa con quienes poblamos este valle de lágrimas, pues nos permite gozar de los quince minutos de fama profetizados por Warhol. Aunque ciertamente haya quienes se empeñen en negarse el placer del héroe de la película, ¡papá! "Yo soy la antagonista de mi propia vida", le escuché decir a alguien hace tiempo, con esa autoridad moral que otorga años de impedir que le vaya bien. "Y no es para menos", dije para mis adentros, "pero además es un acto de justicia existencial, pues también has sido en algún momento la antagonista de la vida de varios incautos".

"Así es la vida, jacarandosa, a veces negra, a veces color rosa", sentenciaba el filósofo Reyli en uno de sus momentos de mayor "inspirancia". Pero también es pizpireta y tiene dejos de genialidad. O al menos eso es lo que nos queda, maravillarnos con los absurdos y las peripecias de quienes hacemos de este un mundo más o menos matraca. Y para constancia de ello están las canciones, historias que desde su brevedad consignan la biografía de personajes que, como cualquiera, sobreviven o sobremueren y desde su trinchera aportan al caos del concierto internacional.

En la memoria colectiva aparece Lola, la "shikita" de los Café Quijano, que al mismo tiempo es curvilínea mujer fatal que antro de mala muerte en León, España, donde los músicos hicieron sus pininos escénicos. Lola, cuya vida más que historia era un poema. O Mi primo El Nano, de Joaquín Sabina, ese "primate" que todos conocemos y que le hace tanto bien al mundo. Juan Manuel Serrat, el oriundo del Poblesec que "cuando canta le tiembla el corazón en la garganta" y "cuando gana el Barça cree que hay Dios y es azulgrana".

También está la historia de Manuel Santillán, El León. Ficticia o no, Los Fabulosos Cadillacs consiguen la fotografía de un anónimo urbano, activista contra la dictaduran o simple hincha pambolero de hueso colorado. Personaje con secuela en la canción Matador, es esa especie de alter ego como el Tlalocman de Los Tepetatles (súper grupo tenochca donde desfilaron desde Alfonso Arau hasta Carlos Monsiváis, pasando por José Luis Cuevas), que después desempolvarían los Botellos de Jerez en una versión posmoderna del antihéroe que sufre las inclemencias de la crisis mexicana.

Por el lado de la lengua de "Chekspier" hay ejemplos para documentar el tema, con Ma Baker, de los Bonnie M, banda de los setenta que en realidad se refería a Kate Barker, madre de unos hijitos de la suya que se daban a la tarea de hacer fechorías con singular frecuencia, y que se volvió referente de culto por tapar las trapacerías de sus engendros.