Australadas

El fin no justifica los medios

Pareciera más de la sobada cantaleta sospechosista, pero es la mera neta del planeta. El pan y circo como método contra las bestias de la memoria ahuyentando cualquier amenaza de reclamo social. Estando el horno como está nunca mejor que ahora le ha venido bien al sistema que la gran familia mexicana se distrajera un poco gastando sin sentido. Comprando lo que no necesita con promociones leoninas en las que los únicos que realmente ganan (como siempre) son los productores, comerciantes, intermediarios, anunciantes y, but of course, el gobierno.

Y digo que suena a versión recalentada de teoría conspiradora porque por años se nos ha dejado caer la guadaña con distractores que desvían la atención de lo urgente para posar los ojos en lo innecesario. Lo curioso del caso es que no importa cuán delicada y podrida sea la realidad, cuanta perversión e incompetencia haya en sus actores, la estrategia funciona y funciona bien. Para muestra las hordas de consumidores en plan de qué-es-lo-que-no-necesito para llevármelo a meses sin intereses. Mi sacrosanta abuela sostenía que si hubiera oferta de cachetadas, las mismas que buscarían llevarse, ¿qué tal si luego suben de precio?

Cualquier diría que es la cuarta versión del numerito y que ya chole con la paranoia, y podría suponerse sin conceder. Pero las tres ediciones anteriores no ocurrieron con el batidillo hasta el cogote como lo tenemos ahora. Con 43 desaparecidos y muchos más sin rostro ni nombre mediatizado, la atención de la masa puesta en la tragedia dejó de rascar en la roncha aunque sea por cuatro días. ¿Mañana? Mañana ya veremos, por lo pronto un peso de encima se le quita a la marcación personal de este México-mágico marcado con sangre y promociones.

Cual si se tratara de un montaje perfectamente engranado, todo funciona a la perfección: medios difundiendo los ofertones, empresas sacando el lado samaritano y el gobierno amarrando los cabos sueltos. Cualquiera diría que fue planeado, pero no. ¿Qué necesidad habría de maniatar la opinión pública, de apostarle a la amnesia selectiva con necesidades creadas? Ninguna si la tragedia no fuera tal, si el hartazgo no llevara a la gente a tomar la justicia en mano propia. Si no hubiera razón para que los descerebrados con pinta de anarcos aprovecharan la coyuntura para urdir el caos.

En un mundo ideal carecería de sentido, pero no en este microcosmos que gozamos y padecemos por igual. Un ácido maestro de la universidad solía decir en tertulias salpicadas de humor etílico que si Kafka, el escritor por antonomasia del absurdo, hubiera nacido en México habría sido un escritor costumbrista. Nunca como ahora refrendo esa sentencia. Aunque pensándolo bien la costumbre es ese absurdo al que no acabamos de hacernos a la idea y de cuando en cuando nos dejamos cautivar por su sorpresa.

Luego de cuatro días de atascar las tarjetas de crédito, habría que apostar a que el olvido esté lleno de memoria, si no para exigir justicia y tranquilidad, por lo menos para que la próxima vez que nos vean la cara lo hagan de forma más creativa o acaso menos miserable.