Australadas

¿Y los elotes a cómo?

Uno va por la vida como si no nada hasta que se encuentra con los vicios de carácter. Esos que sacan lo peor hasta de los seres más impolutos. Si bien es cierto que todos tenemos algo oscuro que ocultar, algún lado b, c o d, algún pecadillo o cierta falencia socialmente reprobable, una cosa es suponerlo y otra muy diferente encontrarse con ello de sopetón. Y peor aún, sentirlo en carne propia. "El amor es un perro que se lanza por la ventana" es un poemario de la autoría de Jordi Soler donde se retrata ese corazón del hombre que Eric Fromm tan compasivamente mostraba y del que Soler es más cómplice, víctima y verdugo.

Metido en gastos el espíritu se muestra como ese can ingobernable donde se arremolinan las tribulaciones a partir de una de ellas, quizá la más cruenta: los celos. En busca de un remedio que exorcice sus demonios, cine, literatura y música se ofrecen como una especie de santísima trinidad. O al menos como el pretexto para regodearse en el tema. "Laura" (1944), de Otto Preminger, joya del cine negro; "Las hermanas Bolena" (2008), dirigida por Juston Chadwick; "Matchpoint" (2005), de Woody Allen; y "Mi desconfiada esposa" (1957), de Vincente Minnelli. Solamente por mencionar un puñado de casos.

Las letras no son menos interesadas en el tópico: desde la obvia mención de "Otelo", de Shakespeare; pasando por "Cumbres borrascosas", de Emily Brönte; y "De profundis", de Oscar Wilde; hasta llegar a "El túnel", de Ernesto Sábato, y "Arráncame la vida", de Ángeles Mastretta. Y, por supuesto, el aura de la música cantando a los apegos enfermizos con "Jealousy", de Pet Shop Boys; "Jealous guy", original de Lennon, con la exquisita elegancia de Bryan Ferry, el ex Roxy Music. O qué decir de "La celosa", de Carlos Vives y Los clásicos de provincia; "Tus celos", de Miguel Ríos, con Los Sirex, y, por supuesto, "Celoso y desubicado", de Paté de fuá.

La lucha se hace, incluso (perdonen la indecencia) con chatarras de la cultura pop, como "Celos", de Napoleón; "El celoso", del Buki mayor; "Celosa", de Pedro Fernández; y la lamentablemente infaltable "Celos", de Daniela Romo. La Mengana, mi mitad, que sabe de los demonios que pueblan a su charro ennegrecido, en alguna ocasión se anticipó a lo inevitable con una sentencia que no tiene desperdicio: "Los celos son para los débiles. No hay nada como aprender a confiar, aprender a respetar y aprender a instalar cámaras de vigilancia". ¡Zaz!