Australadas

A corcholatazos

Pocas cosas son seguras en la vida: la primera es que un día nos va a cargar el payaso. La segunda es que no hay nada seguro en este mundo matraca. La tercera es que Carmelita Salinas jamás despertará sospecha alguna de tener sensibilidad social. Siguiendo la carrera de otras infames figuras del "chowbisnes" de petatuix, la doñita, encaramada en su rol de diputada, ofreció una joya solamente equiparable a aquella lección de economía de Andrea Legarreta, donde aseguraba que el alza del dólar no afectaría a la gran familia mexicana.

"El que tenga coche que lo mantenga", sentenció la otrora Corcholata, en uno de esos lances de banqueta que aprovechan los reporteros para sorprender a los sospechosos comunes con la lengua desconectada del cerebro. Como están las cosas para nadie es un secreto la ausencia de sentido común y de materia gris en el comentario. En una época donde las formas se han guardado para mejor ocasión, donde las ratas más abyectas se dan a la fuga después de un periodo gubernamental rico en trapacerías, donde los representantes populares se sirven con la cuchara grande, donde la reacción en torno al rencor social se da tarde y con la zona menos confesable del cuerpo, poco hay que esperar.

Como no sea más dosis de este tipo de absurdos que en México, ya se sabe, son una costumbre. Ello explica el ardor público y la consecuente mala leche de saqueadores y gandallas que aprovechan la coyuntura para colgarse al lactar. Leía en una de esas voces del feis, que no por comunes y ordinarias resultan menos precisas, "Si para manifestarte saqueas, entonces tienes el gobierno que mereces". Ellos como quiera, pero ¿y las criaturas? Ellos y los bloqueadores de carreteras y vialidades que igual se pasan por el arco del triunfo el derecho de los demás al libre tránsito, bajo el pretexto de la libre manifestación de ideas.

Que a nadie sorprenda que la turbamulta urbana comience a hacer justicia por su propia mano. Que los crímenes sigan sucediéndose. Que las leyes sean objetos de ornato y pretexto legislativo para cobrar dietas. Que sigan apareciendo cretinos en cuya incompetencia para hilar dos palabras se evidencie la falta de inteligencia. Que quien preside el caos nacional haga como que hace, no sepa que no sabe y que al final no haga nada. Que a la vida como la conocíamos se la lleve el carajo. Que nadie se declare sorprendido, pues hace años que eso viene ocurriendo.