Australadas

El club de los pensantes

Un poco en el estilo de la plutocracia, donde reinarían los más popof, alguien debería proponer la creación de una especie de Constituyente para la toma de decisiones cruciales en la vida de esta nación hundida en la barranca. A diferencia de los grupúsculos de caca grande, tendría que tratarse de los sabios de la tribu, gente de probada inteligencia y sabidos métodos infalibles. Gente a la que se le dé eso de pensar y que no nos salgan con zarandajas. Ellos y solamente ellos deberían encargarse de resolver temas trascendentales como qué se debe hacer con los rijosos de la Coordinadora de (in)docentes, dónde mantener a buen resguardo al Chapo mientras se acude a la extradición como el mejor recurso para evitar que se nos vuelva a pelar y, por supuesto, cuál es el destino que deberán tener los ratones de la "Salación Naconal", con Juan Carlos Osorio incluido.

Para nadie tendría que ser un secreto que el pambol es lo más importante de lo menos importante, al menos en este país. Y menos aún que es un negocio del que se benefician unos cuantos a costa de la afición de millones. Incluso que esos millones se rasgan las vestiduras y ven afectado su ánimo como consecuencia de su fallida afición. Pero una de dos: o se sabe y nos hacemos como el tío Lolo, o de plano estamos viendo y no vemos, lo cual significa que ni con manzanitas se comprenderá el asunto. Ahora que El Tri volvió a jugar como siempre y a perder igual, surgen voces por doquier señalando con dedo flamígero al pobre colombiano técnico del combinado ratonil, cuyos únicos dos "defectos" visibles son su estupenda educación y don de gente y su necedad para jugar como le dicten las verijas. Ambas cosas perfectamente sabidas por los amos que le contrataron.

Muchos piden su cabeza y se acogen al hecho de que con un connacional no se tendría la menor consideración ante el rotundo fracaso y la vergonzosa exhibición ofrecida en la Copa América. Y pienso que pocas veces esta región, nada transparente, ha conseguido ponerse de acuerdo en algo tan contundentemente como ahora. Pero que la mayoría lo piense no significa que esté bien. Por eso creo que la "cacumencracia" es la vía adecuada. Que decidan los pensadores y que se actúe en consecuencia. Fundamentalmente para evitar que los de siempre rieguen el tepache y se lleven entre las patas las ilusiones de quienes gastan su dinero engordando la gallina de los huevos de oro. Y en particular para que no se desvíe la atención en minucias como la eliminación del gritito "¡eeehh puutooo!", que tan bien ganado se lo tienen los ratones verdes.

El problema está en dirimir quiénes serán los inteligentes en cuestión y mucho más los valientes que acepten semejante encomienda. No es cosa menor ni un tema para los ratos libres. Se trata de una labor heroica y que con toda seguridad el pueblo ni advertirá ni reconocerá (ya se sabe que la ingratitud es el pan de cada día), pero que les hará pasar a la historia como la primera generación de tomadores de decisiones que no acaben por cajetearla. Lo necesitamos y pronto. Sobre todo porque, parafraseando a Sabines, la eternidad se nos acaba y esta "cabra de bolones" ya anda pensando en hacer otra de las que acostumbra. Y eso no es de Dios.