Australadas

“The future ain´t what it used to be”

Yogi Berra
(DES)ENREDOS SOCIALES

Ignoro cuando fue la última vez que postee algo en el feis. Para ser franco, hace muchas semanas que accedo a él solamente para desactivar ese molesto numerito que aparece en el ícono del teléfono nada inteligente que tengo. Aunque he de confesar que al hacerlo me sorprendo chismeando con las fotos y comentarios de quienes ahí publican: cuates, conocidos, amigos de amigos y demás raza. De pronto me entretengo viendo las sugerencias que el sistema me propone bajo el título de "Personas que quizá conozcas", como quien le echa un ojo a un bonche de fotos desconocidas intentando averiguar si alguna de ellas resulta familiar.

Han pasado casi tres años desde que mi cuate El Vic y su compañera de choque de carritos, La Guai, tuvieron la ocurrencia de crearme un perfil en la mentada red social. Al principio, lo que sea de cada quien, me resultó un poco (y sólo un poco) interesante. Pasados 30 minutos me aburrió y dejé de hacerle al "pini demon", para dedicarme a otras cosas, tal vez porque intuía que desde mi carácter obsesivo se me iba a volver una adicción. Y la mera verdad es que bastantes adicciones va uno coleccionando en la vida, como para darse el lujo de adquirir una más. Por eso los "laiks" me han hecho lo que el viento a Juárez y ni el Candy Crush, esa compulsión lúdica de la vida moderna, ha podido conmigo.

Pienso en esto luego de advertir la tendencia sistemática de mis sobrinos, El Batán y La Bitelyus, por sacarle el mayor provecho a los flamantes aparatejos del infierno que con el nombre de celulares les han regalado. "Abuelo, ¿me pones 150 pesos de crédito?", dice el mayor. "Abuela", sostiene la pequeña, mientras se acerca socarronamente con la madre de su madre, "¿podrías ponerle 20 pesos a mi teléfono?". ¡Oh mi Dios!, pienso yo, al tiempo de poner cara de espanto estilo "Guatsap". Evidentemente la marmaja sangrada a los abuelos no es para hacer una llamada o mandar un SMS.

Algo está pasando con estos peligros de la vida moderna en que se han convertido los smartphones y sus múltiples aplicaciones. En especial desde que las llamadas y los mensajitos dejaron de ser la prioridad en su operación. Con el imperio de "Feis", "Tuiter", Instagram y demás, el futuro no es, como dirían los clásicos, lo que solía ser. "Tratas de tener cerca a la gente que está lejos, mientras alejas a los que tienes cerca", le dije a El Batán con tono de solemnidad, a sabiendas de que el cínico de su tío hace exactamente lo mismo con el "Guats".

Expertos en lenguaje e-moji, la realidad nos sorprende en permanente desconexión del entorno inmediato, mientras pegamos el grito en el cielo porque en este país la conectividad "guaifai" está del nabo. Y para evitarlo "invertimos" una buena lana en protegernos contra la soledad virtual, con paquetes de datos y mugre y media que incluye apps, canciones, videos y otras demoliciones por el estilo. Reenviamos memes y otras gracejadas para subirnos al tren de la emergencia y ser parte del momento. Y para no sucumbir ante semejante enredo acudimos al Waze en busca de rutas que nos permitan entrar y no salir de la modernidad.