Australadas

Selfie, selfish; meme, mame

No sé los demás, pero oficialmente me declaro hasta el cogote de esa autocomplacencia visual por la que feos y guapas, malandros y noñas por igual se convierten en la versión posmoderna de Pitufo Vanidoso, a través de sus teléfonos inteligentes. El imperio de las selfies ha llegado para enquistarse en la ausencia de pudor y conmiseración por el otro. ¿De veras, de veras en imprescindible salir en todas y cada una de las fotos? Los puristas me dirán que si el protagonista de la selfie no sale en la foto deja de tener sentido. Pero pienso que un acto de justicia poética visual sería una selfie donde saliera todo el mundo menos el implicado.

Afortunadamente las modas duran lo que al triste la alegría y aquel desatino de la barbarie conocido como "duck face" ha pasado de moda. Nada más kitsch que toparse con la instantánea de quien no se sabe si está trompudo o quiere beso (en cualquiera de los casos igual de intrascendente como lamentable). Pero lo que no pasa de moda es el culto a la autoconfianza (selfish) o de plano al cinismo. Y de paso hacer público el asunto en redes sociales. ¡Es que no puede ir uno por la vida ignorando al respetable! Como si no pudieran guardar las pruebas de sus fechorías en la intimidad de la memoria de un celular.

Lo peor que le puede pasar a un alma ingenua y candorosa es caer en las garras de la "selfilia", porque entonces sí ya se la cargó el payaso. Descubre su lado "sepsi", se dice a sí mism@ que no está tan dad@ al catre y darle a la fotografiada. Y luego se preguntan por qué acaba uno como Salma Hayek, esa embajadora de la alta cultura que, desafiando a los organizadores del Festival de Cannes, se tomó su selfie con la perrada de la prensa en la alfombra roja. Esa es actitud revolucionaria y no jaladas.

Pero si de ganas de jeringar se trata, ninguno de los miembros erguidos de Cannes estará tan encabritado como los "fanseses" del Atlas, la única versión del fracaso que supera al "Frustra-Azul" con años quedándose con las ganas de ganar. Luego de que las "Chicas" rayadas del Guadalajara les dieran su repasón, no hay clemencia para los zorros y a punta de memes los están dejando pa´l perro. Como si no hubieran tenido suficiente con aguantar a Tomás Boy y sus métodos basados en la inteligencia emocional, ahora los crucifican viralmente. Por eso sus barristas se pasan de animales, por resentimiento social, nada más.

No señores, no nos la podemos pasar entre selfie y meme, entre selfish y mame, por mucho que éste último sea hoy día el deporte nacional por excelencia. No cuando hay temas que preocupan al país y de los cuales depende el futuro a corto y mediano plazo. Temas en los que la toma de decisiones es vital y en ella reside la continuidad de los que mandan, de los que controlan a la gran familia mexicana. No cuando hay cosas como "Me pongo de pie", que resultan simplemente impostergables. Dejémonos de fotitos y de jaladas gráficas. Al ritmo de somos hombre o payasos, démosle importancia a aquello que lo merece.

EL BREVE (D)ESPACIO

De gira artística por los yunaites, agarro mis chivas y me lanzo al encuentro con Carolina, la del norte. Ya habrá tiempo para el chisme cachetón, pero sin selfies, por supuesto.