Australadas

Rayitos mcqueen

"Cuando veo a Dios sé que ha llegado el momento de frenar".

Kevin Schwantz

¿Digo, digo una verdad? Paseo Tollocan nunca fue tan aburrido como ahora. Ni siquiera cuando tenía dos carriles centrales de ida y dos de vuelta. Ir en auto por esta "vertiginosa" vialidad equivale a ver pasar el tiempo, y con él a los demás conductores a los que les importa una pura y dos con sal los límites de velocidad. Eso o que en definitiva no les ha llegado vía correo la respectiva multa por exceso de velocidad. Y no es que uno sea rápido y jarioso y ande hecho la duro por la ciudad, pero mis informantes me han puesto al tanto de la estrategia para que deje de usarse a Toluca la fea como vil pista de arrancones.

Resulta que como la raza se pasaba por la región menos transparente el reglamento de tránsito, alguien decidió seguir el ejemplo de la capirucha y toma chango tu banana, que nos dejan caer cámaras, fotos a color, mensajería y multa, todo por el mismo boleto. ¡No hay que ser! Si saben cómo es la banda para que los dejan sueltos. Con el numerito ya no sabe uno con quien quedar peor, por un lado están los ortodoxos hiperlactantes que respetan hasta a las hermanas de los demás y que no aceleran ni trayendo diarrea inminente. Y por el otro los velocistas vale gorro que sostienen que las videomultas son un mito urbano.

Para estas alturas no dudo que haya quien quiera verle la cara al sistema con alguna zarandaja "made-in-Tepis", en vez de bajarle dos rayitas al velocímetro y de paso a su histeria. Lo que no entiendo es la necesidad de poner límites de velocidad, cuando por sí mismas algunas vialidades se metamorfosean en estacionamientos de tiempo libre. Basta que haya algún incidente para que la bola de morbosos que no dejan ver el show le den en la suya a la fluidez vehicular. Suficiente con que algún parroquiano vaya en franca ingesta de tubérculo poblano para que valga bolillo el asunto.

Lo que hace falta en estos casos es reconocer que nos gusta hacerle al rayo rebelde y que ante la menor provocación nos aflora, además de la naquez, el espíritu Fittipaldi. Que nos sentimos guarros cuidándole la espalda al amo y tenemos la patita pesada. Total, si Dios y las cámaras lo saben, que lo sepa el mundo entero. Mientras eso ocurre el deporte de moda es adivinar el número de multas acumuladas en los meses que lleva el mentado programa y que en cualquier chico rato habrán de llegar a las casas. Por si las "flais" se impone una dotación de analgésicos, por aquello de las malditas dudas y del dolor de codo.

EL BREVE ESPACIO

Ejemplar salió el dueño de los Tiburones del Veracruz al reconocer que la regó zarandeando al ex "álbitro" injusto, Edgardo Codesal. El castigo de un año sin pambol en campo ajeno ahí queda, pero lo que no tiene desperdicio es la frase "la sanción la merecía y la acepto como hombre". ¿De qué otra forma podría aceptarla? ¿Las mujeres cuando reconocen su responsabilidad lo hacen como hombres también? En mi tierra le llaman micromachismo. Supongo que en el puerto jarocho también.