Australadas

Ponte la verde

Cuánta razón le asiste a aquellos necios en señalar que el fútbol que se juega en un país determinado corresponde justo al tipo de lugar donde se desarrolla. Y quien lo dude sólo basta con mirar las bateas de babas que ocurren en esta región nada transparente. El affaire de la podología es en sí mismo una metáfora de esta aseveración. Un asunto hecho con las patas que se llevó entre las espuelas lo poco del buen nombre que le quedaba a las "Chicas" rayadas del Guadalajara.

Más allá del meollo del asunto, de si hubo o no insinuaciones subidas de temperatura o una tracalada de parte de no sé quién, haberle dado aire al bigotón Lavolpe puso en evidencia una cloaca que hacía tiempo estaba abierta y que hiede sin que nadie haga nada por remediarlo.

Pero como en este país cualquier cosa es esperable, todo queda en material que engrosa el anecdotario y el tiempo se encarga del resto, es decir, volver difuso lo reprobable, hasta el punto de que la memoria se llene de olvido. Si no, basta con mirar los escándalos con los que se ha empantanado el balón azteca para recordar que el pesimismo se documenta con más frecuencia de la esperada.

Ahí están el cachirulazo que impidió a la "Salación Naconal" ir al mundial de Italia 90, debido a la falsificación de actas de nacimiento, por las cuales hasta los gemelos tenían días de nacimiento diferentes. El famoso pacto de marrulleros, digo, de caballeros, con el que los dueños del balón determinan que un empleado, léase un jugador, debe contar con el visto bueno del amo del equipo al que pertenecía para enrolarse en uno nuevo de la liga "Muy-X".

Los líos de faldas de los seleccionados solteros y no, cuando deciden ir de farra en medio de una concentración o de un torneo, y que incluyen chicas buena onda y hasta transexuales. La reiterada negativa de un jugador para representar a la verde y la muina de la banda que lo acusa de apátrida. Equipos que ante el descenso se venden y franquicias que salen beneficiadas con la expedita intervención de los dólares.

Los tianguis de piernas, que eufemísticamente se conocen como draft, y que denigran a los protagonistas de un deporte que, no obstante, sigue siendo redituable casi de manera exclusiva para los empresarios. El emporio televisivo que continúa dictando los horarios en los que se ha de jugar un partido, en detrimento de la salud de los protagonistas, incluidos los aficionados y, ciertamente, del espectáculo.

Total que mientras el mundo entero se declara listo para el siguiente mundial pambolero, el chiquero tenochca sigue en medio de su propio batidillo, ya por ineficacia de directivos, ya por la indiferencia de las autoridades que se hacen como que están viendo y no ven. Y en medio los esclavos con tachones que siguen bailando al son que les dicta el poseedor de sus cartas. Y claro, la hinchada que no atina a ver que el castigo por un mal producto no está en las piernas de los otros, sino en sus propias manos.

Tal vez y sólo tal vez, si no estuviéramos hartos de estar hartos, otro gallo nos cantaría. Pero se acerca una copa del mundo y es momento de acudir a la desmemoria, en especial porque como dirían los televisos, aquí (ahí) está el Tri. Al diablo los escándalos domésticos, al carajo el fútbol de estufa. Renovemos la esperanza verde. Hay que irle a México aunque gane.