Australadas

Paren el mundo que me quisiera subir

"Ya, es en sentido contrario", dice mi sobrina Infiernanda, cuando me escupe en la cara un reproche del estilo: "¡Gracias por haberte acordado de llevarme por mi Cajita (In)Feliz, tío Carli!", a lo cual le respondo: "De nada". Así de igualito en el sentido contrario es el título de esta ocasión. Mafalda insistía en que detuvieran la marcha del globo terráqueo para poder bajarse. Y a mí sinceramente me gustaría que me gustara este planeta. Para ser honestos hago mi mejor esfuerzo, pero nomás no se me da. En sentido contrario, detengan este bodrio azul, pues me encantaría que me quisiera subir.

Ahora resulta que ni en un concurso de belleza puede uno estar tranquilo, pues se corre el riesgo de que alguna resentida salga con su macuarrez y se agandalle la corona. Por eso nunca me he inscrito a un certamen de esa naturaleza. Y nunca lo volveré a hacer. Si ya se sabe que la vida no es justa, que el que no tranza no avanza y que es mejor que lloren en otra casa a que lloren en la mía. Por eso no entiendo cómo esas damas de tan altos vuelos intelectuales, tan proclives a la reflexión y al desarrollo del cacumen, no tomen sus providencias ante la amenaza de una leidi chimiscolera. ¡Están viendo y no ven!

Son como esos Patriotas de Nueva Inglaterra que se aprovecharon de la buena fe y la ingenuidad (¡mi vidooo!) del pazguato coach de los Seahawks, Pete Carroll, quien como en los mejores tiempos de la "Salación Naconal", la tenía, era suya y la dejó ir. Y que me lo madrugan a punto de anotarle a los Patriotas, le comen el mandado y de paso le quitan el triunfo en el Superbowl. No es de Dios ir por la vida creyendo que no pasa nada, habiendo tanto malandro con cara de ¡te-voy-a-fregar!

Cuando veo cosas así me pregunto, ¿de veras, de veras tiene uno que ser testigo de cuanta barbaridad ocurre en esta vida matraca? Son de esas cosas que no hacen falta, como la rudeza innecesaria a la que fue sometido Alejandro Encinas cuando les dijo a los del "perderé" que se les iba, con lo que se granjeó la mazapaniza gracias a esa vocación para el mal gusto de los zurdos de petatiux. Bajo el lema de "Y si quieres más me avisas" lo dejaron peor que los sospechosistas a los "álbitros" injustos que tratan a toda costa de entorpecer la gira del adiós de las "Chicas" Rayadas del Guadalajara.

Pero el que en definitiva no debería andar por la vida desprovisto de precauciones, rosarios, amuletos y dos que tres limpias y mucho menos salir de su casa blanca en Los Pinos es Peña Nieto, sobre todo ahora que ya sabe que ni aplauden cuando da sus mensajes a la nación. Por eso hay que llamar a Memo Ríos y a Chepe Chepe, para que amenicen los discursos del "Preciso" y arranquen las palmas del respetable. La culpa no es de los escribidores de choros, ni del cuestionable histrionismo de Quique, sino de la falta de sensibilidad de la plebe, que no entiende los sacrificios del poder. Ahora que si de verdad quieren hacerla gacha, que le hablen a las "edecarnes" que había en Siempre en Domingo y En familia con Chabelo, ellas sí que sabían del negocio.