Australadas

País mostrenco

Alguien con un par de dedos de frente o demasiado tiempo de ocio (que no es lo mismo, pero igual sirve), debería proponer que se eleve arango de nota roja o de menos amarillista el Youtube. Lejos del controlparental que se hace de imágenes sexualmente explícitas, cualquiera puede subirlo que le venga en gana al canal, mientras se pasa por el arco del triunfo ladignidad y el respeto de otros, pero sobre todo el derecho a mantener en laprivacidad sus miserias humanas. Se debería hacer, pero hasta ahora nadie diceesta boca es mía, por lo que habrá que chutarse cuanta monserga se cuelga en lared un buen rato más.

Cierto es que existen cosas verdaderamente útiles, quedignifican la difusión de la ciencia, el arte y el entretenimiento, pero haymucho por espulgar en esa gran maraña repleta de basura. Dentro de ella estánlas pifias de quienes actúan cual son y se les ventila en su papel decavernícolas. Hay una nutrida legión de entusiastas del periscopeo que van porla vida levantando imagen, por si acaso hay algo que chismear pa’l “feis”, el“tuiter” o lo que se deje. Y que, en el mejor de los casos, abonan desde sutrinchera para pensar en un mundo más disfrutable. Y donde hay inquietud porvivir mejor, hay un contrapeso por evitar que eso ocurra.

De eso se nutre la red. De lo que el rey del periscopeourbanita, Arne Aus den Ruthen, ha vuelto tradición. Ventilar el gandallismo quese practica al apartar la calle para que los usuarios habituales del lugartengan donde dejar el auto; al parar en doble o triple fila, pues nada más esun minuto lo que se van a tardar; al estacionarse sobre la banqueta, al fin yal cabo, ni hay peatones y si los hay caben en el trecho que sobra; al tirarbasura en la vía pública, con el pretexto de que el servicio no pasa cuandodebe; al sacar a los perros a caminar y a que hagan la infaltable “cake”, sinla consabida bolsita pues, total, que tanto es tantito.

Y el resultado es la confrontación, verbal o física, pero enla mayoría de los casos violenta. Pasiva o activa, pero generalmentereaccionaria. Y con frecuencia llena de argumentos que desnudan la ignoranciadel gandalla y que ante su fragilidad le llevan a atacar desde la impotencia.Mostrencos son los bienes abandonados en la calle y que carecen de propietario.Esta nación se parece demasiado a eso. Sin gente que responda por ella, ni quela vea como una extensión de su casa, como no sea que se habite en un muladar.

Alguien con un par de dedos de frente o demasiado tiempo deocio (que no es lo mismo, pero igual sirve), debería proponer que se eleve arango de nota roja o de menos amarillista el Youtube. Lejos del controlparental que se hace de imágenes sexualmente explícitas, cualquiera puede subirlo que le venga en gana al canal, mientras se pasa por el arco del triunfo ladignidad y el respeto de otros, pero sobre todo el derecho a mantener en laprivacidad sus miserias humanas. Se debería hacer, pero hasta ahora nadie diceesta boca es mía, por lo que habrá que chutarse cuanta monserga se cuelga en lared un buen rato más.

Cierto es que existen cosas verdaderamente útiles, quedignifican la difusión de la ciencia, el arte y el entretenimiento, pero haymucho por espulgar en esa gran maraña repleta de basura. Dentro de ella estánlas pifias de quienes actúan cual son y se les ventila en su papel decavernícolas. Hay una nutrida legión de entusiastas del periscopeo que van porla vida levantando imagen, por si acaso hay algo que chismear pa’l “feis”, el“tuiter” o lo que se deje. Y que, en el mejor de los casos, abonan desde sutrinchera para pensar en un mundo más disfrutable. Y donde hay inquietud porvivir mejor, hay un contrapeso por evitar que eso ocurra.

De eso se nutre la red. De lo que el rey del periscopeourbanita, Arne Aus den Ruthen, ha vuelto tradición. Ventilar el gandallismo quese practica al apartar la calle para que los usuarios habituales del lugartengan donde dejar el auto; al parar en doble o triple fila, pues nada más esun minuto lo que se van a tardar; al estacionarse sobre la banqueta, al fin yal cabo, ni hay peatones y si los hay caben en el trecho que sobra; al tirarbasura en la vía pública, con el pretexto de que el servicio no pasa cuandodebe; al sacar a los perros a caminar y a que hagan la infaltable “cake”, sinla consabida bolsita pues, total, que tanto es tantito.

Y el resultado es la confrontación, verbal o física, pero enla mayoría de los casos violenta. Pasiva o activa, pero generalmentereaccionaria. Y con frecuencia llena de argumentos que desnudan la ignoranciadel gandalla y que ante su fragilidad le llevan a atacar desde la impotencia.Mostrencos son los bienes abandonados en la calle y que carecen de propietario.Esta nación se parece demasiado a eso. Sin gente que responda por ella, ni quela vea como una extensión de su casa, como no sea que se habite en un muladar.Alguien con un par de dedos de frente o demasiado tiempo deocio (que no es lo mismo, pero igual sirve), debería proponer que se eleve arango de nota roja o de menos amarillista el Youtube. Lejos del controlparental que se hace de imágenes sexualmente explícitas, cualquiera puede subirlo que le venga en gana al canal, mientras se pasa por el arco del triunfo ladignidad y el respeto de otros, pero sobre todo el derecho a mantener en laprivacidad sus miserias humanas. Se debería hacer, pero hasta ahora nadie diceesta boca es mía, por lo que habrá que chutarse cuanta monserga se cuelga en lared un buen rato más.

Cierto es que existen cosas verdaderamente útiles, quedignifican la difusión de la ciencia, el arte y el entretenimiento, pero haymucho por espulgar en esa gran maraña repleta de basura. Dentro de ella estánlas pifias de quienes actúan cual son y se les ventila en su papel decavernícolas. Hay una nutrida legión de entusiastas del periscopeo que van porla vida levantando imagen, por si acaso hay algo que chismear pa’l “feis”, el“tuiter” o lo que se deje. Y que, en el mejor de los casos, abonan desde sutrinchera para pensar en un mundo más disfrutable. Y donde hay inquietud porvivir mejor, hay un contrapeso por evitar que eso ocurra.

De eso se nutre la red. De lo que el rey del periscopeourbanita, Arne Aus den Ruthen, ha vuelto tradición. Ventilar el gandallismo quese practica al apartar la calle para que los usuarios habituales del lugartengan donde dejar el auto; al parar en doble o triple fila, pues nada más esun minuto lo que se van a tardar; al estacionarse sobre la banqueta, al fin yal cabo, ni hay peatones y si los hay caben en el trecho que sobra; al tirarbasura en la vía pública, con el pretexto de que el servicio no pasa cuandodebe; al sacar a los perros a caminar y a que hagan la infaltable “cake”, sinla consabida bolsita pues, total, que tanto es tantito.

Y el resultado es la confrontación, verbal o física, pero enla mayoría de los casos violenta. Pasiva o activa, pero generalmentereaccionaria. Y con frecuencia llena de argumentos que desnudan la ignoranciadel gandalla y que ante su fragilidad le llevan a atacar desde la impotencia.Mostrencos son los bienes abandonados en la calle y que carecen de propietario.Esta nación se parece demasiado a eso. Sin gente que responda por ella, ni quela vea como una extensión de su casa, como no sea que se habite en un muladar.

su casa, como no sea que se habite en un muladar.