Australadas

Nación “Chicharita”

Ignoro si el asunto es como para que intervenga la autoridad en materia de discriminación. Pero si la Conapred se pronunció en contra de #LadyChiles, por méndiga y miserable, bien harían en comenzar a señalar con dedo flamígero a la horda de cangrejillos playeros que se la han pasado "buleando" a Javier Hernández, por el simple hecho de haber sido fichado por el Real Madrid. Con el parapeto de la virtualidad y la insulsa herramienta de los memes, al "Chicharito" le ha llovido sobre mojado, cosa que con toda seguridad al chaval le viene valiendo bolillo, pero que evidencia el mórbido placer del que gozan quienes se lamentan ante la fortuna ajena.

En una sociedad cuyo más vívido retrato de su relación con el fracaso y el balón es la saga de El Chanfle, jugar a ganar suele ser la peor de las afrentas. Y conseguirlo es motivo de unión nacional. "No vaya a ser contagioso tratar de ser feliz de aquella forma", sentenciaba hace años Alberto Cortez, ajeno a los vericuetos de la vida crustácea mexicana. En su elegía de la libertad, el cantautor argentino dibuja la osadía de un loco que se atreve a emprender el vuelo ante la mirada atónita de los demás que "quedaron en el suelo vestidos de cordura".

Dos ejemplos del atrevimiento ilustran los extremos en los que se mueve el "Chicharito" y la absurda psicología de masas de los amarguetas: el éxito de Hugo Sánchez, a pesar de su sangre de chinche, de él mismo y de las circunstancias que le rodearon como jugador. El Niño de Oro recibió todos los elogios como ariete de los merengues y todos los desprecios siendo seleccionado nacional. Porque el tenochca promedio odia al que triunfa, pero como el Ratón Crispín, lo hace con odio jarocho si además el éxito lo vuelve arrogante.

El otro caso es el del "Kikín" Fonseca, el tipo que cualquier madre hubiera querido para su hija y el pambolero por el que ningún entrenador habría metido las manos al fuego. En las filas de la banda de rock U2 alinea The Edge, el guitarrista que para muchos ha ganado los mayores méritos haciendo tan poco por ellos. Sus acordes son reiterativos hasta el cansancio y se beneficia de la plusvalía de habitar la misma geografía que el cantante Bono. En su momento el "Kikín" supo aquilatar la mayor de sus virtudes: la entrega, y con base a las ganas hizo de ella su mayor fortaleza. Dice Juan Villoro en el libro Balón dividido, que si el fútbol se jugara sin balón, Fonseca habría sido un crack.

Entre la insultante soberbia del exitoso y la fallida condición del entregado está el "Chicharito" Hernández. Sin ser un dechado de técnica hace de lo imposible algo probable, reclamando la herencia futbolera de Enrique Borja. Pero en algo tienen razón sus defensores: nadie salta el charco y se mantiene, incluso de suplente, sin atributos en la cancha. Y menos aún llega a la Casa Blanca del balompié por taimada picardía de barrio bajo.

Una de las ocurrencias más miserables y elocuentes en torno al culebrón de moda por el pequeño guisante es la adjudicación de la etiqueta de súper héroe. Dicen los cretinos del humor que mientras en el Madrid están los Avengers, el mexicano llegó ataviado de Chapulín Colorado. Como quiera que sea, algo es cierto: al "Chicharito" habrá que reconocer que ha conseguido poner de acuerdo a todos los contreras. Y eso que no contaban con su astucia.