Australadas

Moi

"Soy snob, tan snob que cuando muera tendré una mortaja de Christian Dior". Nacha Guevara

Uno de mis mejores ex amigos solía decir de quien esto escribe que era un zurdo con afición por la Coca Cola. Un revolucionario con afanes de pop art. Un arrabalero con tintes totalmente palacio. Bajo la lógica de que se hace lo que se puede con lo que se tiene, trataba de defender lo indefendible: a todo el mundo le gusta vivir bien. Pero la buena vida es, ciertamente, un concepto difuso y varía de sujeto en sujeto. Lo que para unos es pasarla como todo un pachá, para otros es una falta de respeto y un atropello a la razón.

De algo estoy seguro, mi mejor ex amigo tenía razón, siempre he disfrutado de los beneficios de la dolce vitta, por más que reniegue de los habitantes que pueblan esa tierra tan llena de actos de simulación. Por eso me sorprendo con singular frecuencia visitando changarros para gente bonita, aunque haga hasta lo imposible por mantenerme alejado de las buenas conciencias, no vaya a ser la de malas y algo se me pegue.

Como acto de contrición debo confesar que camino al trabajo me lo paso requetebién escuchando a Martha Debayle en su espacio radial en W, sin importar que con frecuencia haga corajes por su necedad de interrumpir a los invitados, el afán protagónico y ese snobismo sin concesiones. Con el personaje que ella representa tengo una relación de odio y admiración, pues aunque a veces la detesto, otras me parece encantador su estilo. Pero de que sabe su negocio eso que ni qué.

De ahí que cuando apareció la revista Moi (editada por la Debayle) me intrigó su contenido, tanto que me hice el difícil y apliqué un relativo esfuerzo por ignorarla. Hasta que cayó en mis manos el primer número que estaba agotado y que a mi domadora, La Mengana, le resultó harto interesante, fue cuando a todo se lo llevó el pintor. Desde entonces han ido desfilando las siguientes cuatro ediciones con buenos dividendos, según me cuentan los enterados.

Más allá de filias y fobias, se trata de un esfuerzo editorial dirigido a un target específico, con un cierto poder de compra y de toma de decisiones. El título es un galicismo que se deriva del acróstico de MUA: Mujeres Urbanas Autosuficientes, lo que me hizo pensar inmediatamente en mi señora y en todas aquellas féminas que se abren paso en un mundo dominado por la testosterona, pero que de a poco van dominando pésele a quien le pese.

No obstante, a pesar del título y del mercado meta, la revista no es un trabajo exclusivo para ellas. Quienes presumimos un lado medianamente femenino encontramos cabida, e incluso los más reacios se podrán dar un quien vive con alguno que otro artículo de interés y escrito en "buen castilla". Y este es quizá el mayor logro de la publicación, conseguir una revista con el menor número de errores en forma y fondo, bien diseñada, que resulte atractiva y, sobre todo, que sea útil.

Luego de cinco números, La Mengana me acusa de querer hacerla adicta a Moi, cosa que al menos conmigo ya ocurrió, porque en el fondo lo cuquis me sale en el código de barras. Aunque mi mejor ex amigo insista en que, como él, soy miembro erguido del naquismo militante. Y yo le repita que vale mil, que nunca cambie y así.