Australadas

Leidi lo que sea que seas

Lo mío, lo mío no es la chunchaca. Andar de chile frito por aquí y por allá nunca se me ha dado y por eso en los jolgorios brillo por mi ausencia. A pesar del aura de amargueitor y de mi permanente negación a andar de socialité, no pude evitar caerle a la boda de mi primo El Cobijitas. El chaval se desperdició el fin de semana y fue una de esas ocasiones en las que uno no puede hacerse el occiso. "Por eso no brillas en sociedad", me dijo mi tía Juana, La Cachonda, "por aguado". Ahí fue cuando me caló el asunto. Los parientes, en especial los más impresentables, no pueden ir por la vida impunemente acusando de flacidez, aunque sea social. Pero fui. A rozarme con la crema y nata de las fiestas. A enterarme de las nuevas tendencias en casamientos. Y a dejar ahí lo último de mis ganas por dejarme ver.

En pleno guateque reconocí, para mis adentros, que la méndiga de mi tía tiene la boca atascada de razón. Claro que por eso no brillo, aunque tampoco tengo como que muchas ganitas de hacerlo. Y por eso no me entero de los debrayes de las torna fiestas, cuando llegan los chila-killers para calmar la cruda de los anticipados, o alebrestar la borrachera de los intensos. El caso es que así, o en estado "credo" (algo intermedio entre el purgatorio y el infierno), ocurren las cosas más atroces de las que se tenga memoria. Y en pleno estado de trance festivo, con media estocada en mi puerquecito, que me llega una especie de epifanía: así debió haber estado la Leidi 100 pesos para haberse atrevido a hacer su numerito.

Por eso nadie entiende a la chicuela en cuestión, porque no son capaces de ponerse en sus zapatos. Y todo mundo hace leña de la pobre, sin saber que para andar de farra hace falta talento, temple y actitud de sacrificio. Ahora lo sé, yo que fui del amor llave de paso y que he rehuido sistemáticamente a la pachanga. En mi condición de misántropo redimido, me pareció comprender las razones que llevan a alguien a perderse para luego encontrarse, como le ocurrió a Daniela Aguirre, alias #Lady100pesos (la misma que aparece en calidad de bulto ofreciendo un billete de Nezahualcóyotl a los cuicos que se la encontraron echando lámina). La falta de lucidez (y de liquidez) impidió que los polis recibieran una mochada más generosa, aunque con las cámaras encima no se iban a quemar en público (¿más?).

No es el exceso de alcohol tanto como la falta de empatía en la perrada lo que impide que comprendamos a nuestra Belinda de petatiux. No ven que a su edad las cosas no son nada fáciles, que es complejo llegar a las madrugadas con la habilidad intacta para hacer el 4, más que el oso, y además cargar con escuincles caguengues a quienes la presencia de la "polecía" les hace temblar las cañitas. No es correcto el juicio sumario a la Leidi cien pesos, en especial porque, en una de esas acaba siendo la miss de alguno de nuestros retoños o algo peor (uno como quiera, ¿pero las criaturas?).

Por eso pido clemencia para con su falta de destreza al volante, en especial luego de zamparse unos chíngueres. Cuidémosla, guiémosla por el camino del bien. Tal vez en el futuro nos dé muchas satisfacciones. O quizá no y acabe en la política. Los caminos del señor son misteriosos. ¡Salud!