Australadas

En Di Oscar Gous Tu…

"El éxito les parece lo más dulce a aquellos que no alcanzaron el éxito".

Emily Dickinson

Es una cuestión de filias solidarias o quizá la obvia identificación con el héroe chicho de la película gacha, o será el sereno, pero lo cierto es que cada vez que un personaje connacional toca el cielo por la vía del éxito, muchos mexicanos de a pie nos subimos al barco y festejamos cual si el logro fuera de uno. Y no es para menos, si al mirar por la tele un programa de concursos se experimenta una cierta empatía con algún incauto participante, cuantimás si se trata de una celebridad.

Por eso el domingo pasado muchos mexicanos se colgaron de la estatuilla dorada que ungió a Alfonso Cuarón como el mejor director de cine del mundo-mundial, o sea del star system hollywoodense. Pero más antes que después el propio galardonado salió a sostener que nomás no había de uva y que el éxito de Gravity era para cualquiera menos para Mexicalpan de las Tunas. ¡Zaz! Eso sí duele, no como lanzarse de una rampa con bici sin asiento, pero a fin de cuentas duele.

Imagino que muchos estuvimos prendidos de la caja idiota esperando el momento del anuncio y, no obstante esa indeclinable voluntad por agandallarnos el éxito ajeno, temimos, como con la "Salación Naconal", que habiendo jugado como nunca se perdiera como siempre. Aún así se impuso la lógica que bautizara Monsiváis, la del sí se puede cuando se puede, y "di Oscar güent tu" Cuarón. Bien por el chamaco y bien por el efecto expansivo de "buenaondez" que se apoderó por un instante de este magullado país en ruinas.

Sin duda este fenómeno es motivo de análisis para las ratas de biblioteca social y materia de discusión para los espacios con mala leche, que de inmediato le bajan la moral a un pueblo tan necesitado de reconocimiento, aunque sea ajeno. Digo, ahora que se están acabando los antihéroes y en un tiempo en el que ni las manifestaciones en pro de la liberación de narcos ilustres prosperan, se debería elevar a rango constitucional la apropiación simbólica de los triunfos de otros.

Ya se sabe que es barato, no cuesta trabajo alguno y resulta hasta terapéutico, y por eso mismo cualquier mexicano que gane algo en este país o fuera de él, debería por sentido patriótico compartir las mieles con la banda. Seguramente por eso El Piojo Herrera ha sostenido que en tierras cariocas por ganas no va a parar El Tri, para que la raza de bronce se sienta representada y orgullosa de sus "muchachesss". Aunque digan los resentidos sociales que lo único que en realidad representan (y mal) es el nivel del fútbol que juegan los mexicanos que se dedican profesionalmente a ello. Nada más.

Parafraseando a Baudelaire, por eso se embriaga uno, si no de vino por lo menos de virtud o de poesía (¡ay ajá!), por gente que es "tan-ay-así". Cómo se ve que nunca disfrutaron colgándose de la medalla olímpica de Zoraya o de las carreritas echa la duro de la Guevara; de las cabriolas de "Ego Sánchez" y de los cocolazos del César del boxeo. Qué tiempos aquellos en los que El Toro de Etchohuaquila detenía el pulso de toda una nación. Definitivamente el futuro no es lo que solía ser. ¡Chale!