Australadas

¡Decíme que se siente!

Tengo que confesarlo: Soy un fiasco como aficionado al pambol. Un verdadero fraude. En medio del clima propicio para el cotorreo y la chorcha, esa que se arma a la menor provocación con el pretexto de que hay partido, el mundialito carioca me supo lo que al triste la alegría. A nada. Pero sé que fue por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa. Al igual que la selección de España, pasé de noche por el evento que casi casi detuvo al planeta.

Aunque no todo es expiación de culpotas. Debo reconocer que cuando jugó la "Salación Naconal" me convertí en uno más de la marea verde, de esos ternuritas que se ilusionaron con el quinto partido y que acabaron con el corazón roto. ¡Ay mis vidooos! Por más que quise salir a festejar al Ángel o de plano a la Rotonda de los Hombres Ilustres con un coqueto reventón, no se me dio. Las musas del estadio no llegaron a casa y estos días me he sentido más distante al esférico que el mismísimo Luis "Hannibal" Suárez.

Hice lo que pude, me sometí a dosis intensivas de programas de análisis con mis cuatachos de ESPN y nada. Traté de verle el lado amable con los especiales de Fox Sports y los resultados siguieron siendo magros. Como estaba cierto que merecía un castigo ante mi indiferencia mundialista, me chuté los bodrios matutinos de Televisa y Azteca y salió peor. Bueno, ni los últimos 20 minutos de cada encuentro me animaron, como sí lo hicieron con la afición de verdad.

Ya ni la burla perdono. No subí de peso por culpa de los excesos botaneros ni entré a quiniela alguna. Mucho menos participé en esos debates de oficinista en los que se define el destino de los partidos, y que consigue que cada Godínez se transforme en un tecnócrata del balón. Es más, quise ser educado y reírme de los memes que pululan por las redes, pero pudo más mi amarga sangre de chinche. Perdona San Memo. Discúlpeme Don Piojo. No sé lo que hago.

Cómo fue posible que ni ediciones especiales del Récord, La Afición, Marca, Diario As o La Gazzetta dello Sport me hayan seducido. Ni los especiales de W Radio o incluso las transmisiones de los partidos en pantalla de cine. Para mí que la culpa es de mi compadre Ponchito. Quién le manda no estar en la telera. Desde que está lejos del mundial todos los días parecen de partido por el tercer lugar.

Nada de caipirinhas, garotas de Ipanema o kapoeira. Cortes en espadas, sambódromo y Caetano Veloso. El jogo feito acabó por desterrarme del área chica y hoy soy un extranjero en cualquier cancha. Un apátrida que no se emociona con Miguel Herrera y su festivo performance de Demonio de Tazmania. Cuatro años esperando y el mundial como vino se fue. Lo bueno es que ya se acabó. Lo malo es que la Liga "Muy-X" empieza el viernes. Así es de cruenta la vida.

Por eso no me extrañó en absoluto que en plena final me quedara cuajado al lado de La Mengana quien, tal vez contagiada por mi espíritu antipambolero, también se decantó por Morfeo. Ironías de la vida: mientras el drama de Messi se mostraba en alta definición ante el mundo, nuestros ojos se negaban a verlo en vivo y en directo. Lo que más lamento de todo este show es haberme perdido el espectáculo de Shakira, "cantando" el la-la-la-la-la-la-la-la-la. Mentira, no lo lamento.