Australadas

No La Chiflen Que Es Cantada

Así rezaba una rolita de mi compadre El Caifán, siempre dispuesto a la picardía con tal de alborotar el avispero. Y fue justo lo que les dije a Orestes Solache (que viene siendo algo así como mi carnalito del alma) y a su compañera de choque de carritos, cuando me propusieron una sesión de rolas chifladoras. Uno se da cuenta de que ha caído lo suficientemente bajo cuando, en pleno rocanrol de viernes, a alguien se le ocurre jugar a las canciones temáticas.

Me explico: cierto ente de la reunión propone un tópico y a partir de la multiplicidad de significados se van armando listas de canciones, con la complicidad del "aipad" y de la fuente de sabiduría del hombre moderno, la Wikipedia. Pero la culpa la tiene uno. Uno y La Mengana que les hace segunda: "¡Ay, cariño!, ni modo que siendo locutor no te las sepas". Lo que siguió fueron dos horas de discusiones acaloradas sobre los recovecos de la chiflada y, por supuesto, las rolitas donde aparecen desde silbidos simplones hasta verdaderas sinfonías. Bueno, no tanto.

"Yo-fo-sa-fa-fo-fo-lo-fo-lo-fo-co-fo-co-fo", comencé a cantar, mientras el correspondiente chiflido me acompañaba con "Yofo", esa chulada de canción de los Molotov. Luego vino "Don´t worry be happy", de Bobby McFerrin y su sempiterna lección de paciencia jobiana que desesperaría hasta al más pintado. Y qué decir del genial Ottis Redding con su clásico "Sitting on the dock of the bay" y el silbidito final de una rola más aguantable que la anterior. Y en ese mood lentón llegó "A jealous guy", de John Lennon, con su remate ternurita y esperanzador.

Y entonces que nos sale el código de barras con "Joy ride", de los suecos de Roxette; J. Geils Band y su asquerosamente ochentera "Centerfold"; los Maroon 5, con la pegajosilla "Dancing like Jagger", y para darle en la torre a lo poco que le quedaba de cordura al guateque, lo hicimos con "Bridge over the Kwai River", del Coronel Boogie. Finalmente le regresamos el alma al puerquecito con, ¿por qué no?, "Young folks", de Peter, Bjorn & John.

La cosa se puso interesante al recordar a los Fratellis con aquel asunto llamado "Whistle for the choir"; a los Guns and Roses y la inolvidable "Patience" y, poniéndonos fresones y un poco hipsters, a los Foster the people con "Pumped up kicks". "¡Irá!", dijo Orestes a su "Xikita". Si nomás tiene la cara. Debería dedicarse a la radio, sentenció el hijo de su reverenda.

Y luego vino el caudal de alusiones a la cultura pop. Pepe El Toro, su chorreada y la tentación de un beso. Vulgarcito, el de Alejandro Suárez, en Ensalada de locos. (¡Qué ondón hijón Ramón, qué gacho naco, qué ruco Cuco!), mantra pizpireto que fue soltado sin anticipación ni anestesia. Y la memoria colectiva se hizo presente con aquello de "No se puede al mismo tiempo chiflar y comer pinole", o "No es para cualquiera chiflar a caballo".

Pero lo que sin duda se llevó las palmas y una sonora rechifla fue la cantaleta a la que llegamos, después de semejante desgaste de los sentidos: "Chango chino chiflador que chiflas a tu changa china, ya no chifles a tu changa china chango chino chiflador". Y con ella aparecieron, como era de esperarse, algunos ajos y cebollas, unos involuntarios y otros con todas las de la ley. ¡Zaz!