Australadas

“Chichilo”

Ser rey en época de crisis no es cualquier cosa. Ser mago es un asunto exclusivo de las dueñas de la economía doméstica que estiran el gasto hasta donde no. Por eso el doble papel, el de rey y mago es una cuestión de deporte extremo. Requiere la destreza de un viene-viene, el olfato de investigador judicial, las agallas de un volador de Papantla y un exceso de tiempo con el que a veces, para ser honestos, no se cuenta. Lo que sigue es la crónica de una titánica labor sí anunciada.

Lunes 5 de enero, 3:50 de la tarde. Se me informa lo que a todas luces se veía venir: era tarde para salir en busca de los Melchores, Gaspares y Baltazares. Pero aún se hizo camino al andar y mucho. Las primeras impresiones no fueron nada halagüeñas, hordas de desesperados que iban y venían en calidad de adopta un buscador de ilusiones. Un tráfico del averno y la esperanza intacta pero recelosa de salir avantes del reto.

5:00 de la tarde. Cual truco de Rodi o Chen Kai: nada por aquí, nada por allá. Mucha gente y pocas nueces. ¿Y los regalos apá? En alguna parte del infinito y más allá. Decido que es momento de cambiar la estrategia y hacer todo más simple. Hay que redirigir el rumbo hacia tiendas más cosmopolitas e igualmente infestadas de raza, donde tal vez, y sólo tal vez, podría estar el objeto del deseo.

7:45 de la noche. Bajo el lema de "es lo que hay", las peticiones parvularias hacen sufrir lo indecible, en especial porque se trata de chunches que, caigo en la cuenta, aún no llegan a la república tenochca. Producto de sobredosis de videos en Youtube con acento baturro, nació el anhelo de un perro Chihuahua enfundado en bolsa de viaje cuyo nombre era Chi Chi Love. "¡Quiero el Chichilo!", habría dicho la criatura en su carta que voló por los aires atada al cordón de un globo.

9:37 de la noche. Del Chichilo ni sus luces. Con el éxito no obtenido redirijo los huesos hacia Mexicalpan de las Tunas y me desvío en ese snob suburbio llamado Interlomas. Ahí seguro las buenas conciencias encuentran lo que la globalización niega al ciudadano de a pie. Y nomás "nanay". Comienzo a darme cuenta que el partido se estaba perdiendo y sin haber tocado siquiera el balón. Lo bueno de la zona es que hacia donde se mire hay un centro comercial totalmente palacio.

11:43 de la noche. En el límite de la desesperación y luego de haber recorrido unas dieciséis mil doscientas cuarentaiocho tiendas, tocamos base en un vil y común Walmart. Y ahí se hizo el milagro de lo sucedáneo, o séase "una costra por osa". A lo lejos, en un rincón estaban unos canes en bolsa de mano suplicando ser arrancados de las garras del capitalismo salvaje. Y eso fue lo que ocurrió. Con la certeza de que se hace lo que se puede con lo que se tiene, su sumaron al show patines, casco y rodilleras y hasta un álbum de fotos para decorar.

1:07 de la mañana. Vuelta a casa con las manos (muy) llenas y el orgullo (casi) intacto. Y a tratar de dormitar las cuatro o quizá cinco horas que median entre este instante y la hora de la gritería. "Estoy nerviocionada", diría la portátil criatura a eso de las 6 con 20 de la mañana, al momento de buscar por toda la casa sus juguetes. "Igualito que los Reyes Magos, querida", le dije, "igualito".