Australadas

El Brexit de Arne

Al que obra mal se le pudre el tamal, sostiene la sabia de mi tía Juana La Cachonda, doctora en ciencias ocultas y artes paganas. Ahora que la Gran Bretaña decidió, con un rigor democrático que pondría verde de envidia a Andrés Manuel, salirse de la Unión Europea, tómala barbón, que se le voltea el chirrión por el palito y le dan las gracias a Inglaterra en la Eurocopa 2016. Eso es karma camaleón y no pedazos. Lo peor es que le tocó bailar las calmadas con la improbable Islandia, que antes de esta competencia, al menos para los habitantes de Mexicalpan de las Tunas, únicamente figuraba en el mapa como una extravagante entidad de donde proviene la música de la no menos extravagante Björk. Y párenle de contar. Ser eliminado por una "potencia" futbolística así debe ser toda una afrenta para el orgullo flemático de los inventores del pambol. Pero como dice Serrat, nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio.

Afortunadamente el show fue menos dramático que el Brexit del pasado viernes y ha dejado menos secuelas en el ánimo de la banda. Pero de que significó un golpe, casi tan grande como decir que fish and chips es la máxima aportación de la cocina inglesa al mundo, eso ni duda cabe. A fin de cuentas lo que cala es la risa. Casi tanta como la que por estas fechas estarán disfrutando la horda de gandallas, pelafustanes, influyentes de jueves (esos que se pasan de miércoles), lores, leidis y demás fauna suburbana y subnormal, quienes festejaron que Arne aus den Ruthen haya dejado de ser City Manager (lo que sea que eso siga significando) de la Miguel Hidalgo. Como en aquella peli en la que Robocop deja de patrullar las calles gracias a una mazapaniza de los mañosos, así se siente el ánimo y con toda seguridad la impresentable raza volverá por sus fueros a tomar las calles de forma arbitraria y con mala leche.

De acuerdo con la versión oficial, la salida de Arne obedece a la intención del funcionario de hacerse cargo de un asunto legal en su papel de ciudadano, y evitar así las suspicacias que generaba ser funcionario y al mismo tiempo el villano favorito de la zona. Y como en el Brexit (toda proporción guardada), ha dejado una estela de asuntos por considerar. De todos ellos quizá el más alarmante sea la sensación de orfandad, ese hueco que queda sabiendo que se ha ido el que tuvo los tamaños para hacer lo que todos los funcionarios deberían y les da frío o pereza hacer. ¿Qué será de las calles de la Delegación Miguel Hidalgo sin el concurso de Arne y su club de fans? ¿En qué parará la gandallez de los méndigos que se adueñan de las calles, es decir, franeleros, viene-viene, cuicos, juniors, guarros, anexos y similares? ¿Con qué vamos a llenar el Youtube ahora que Arne estará ausente? ¿Con videos de cocina de Marisol Pink o bodrios del hiperlactante de Werevertumorro?

Aburrimiento y libertinaje es lo que nos depara. A menos que salgan de las cloacas vengadores anónimos que le den en la suya a los que hoy andan con una sonrisa estúpida por las calles, creyendo que se libraron de la estorbosa vocación de Arne por aplicar la ley a raja tabla. Que se zumben a esos que sienten que pueden hacer de la vía pública lo que acostumbran con su entrepierna: un batidillo. Periscoperos del mundo mundial... ¡uníos!