Australadas

Bandotas

Uno de los grandes privilegios de la música es ser testigo, ya sea in situ o a través del registro de lo grabado de acontecimientos singulares. Y no me refiero a pedazos, sino a verdaderos momentos históricos. Sé que algunos pensarán en uno de esos discos de antología o un recital memorable. Por ahí va el asunto, pero se perfila más allá. Si uno piensa en grandes exponentes de la melomanía acude a los Beatles, los Stones y hasta los Doors, pero ¿qué ocurre cuando la vida da sorpresas, sorpresas da la vida si de pronto algún monstruo sagrado del rock se revienta un palomazo con otro sospechoso común? ¿O desarrollan algún proyecto aunque dure lo que al triste la alegría?

Si uno se pone a entrarle al chisme cachetón, encuentra que el concepto es englobado en la idea de un súper grupo y deriva del disco Súper sessions, de 1968, de los súper estrellas Mike Blomfield, Al Cooper y Stephen Stills. Por extensión se trata de un concepto en el que convergen luminarias que anteriormente ya habían sido célebres y que dan el chance de coquetear con el éxito sin necesitarlo realmente y, de hecho, sin siquiera buscarlo. Y aunque ciertamente el concepto está un poco demasiado pervertido, la realidad es que las reuniones de malandros exitosos siempre ha resultado atractiva, cuantimás si se trata de incunables héroes de la contracultura rockanrolera.

El primero de los grandes hitos de la música, en términos de súper grupo, fue sin duda la Crema, con Eric Clapton, Jack Bruce y Ginger Baker. De esta alineación se logró escabullir "Mano lenta" Clapton, para consagrar su nombre en la historia con The Dirty Mac (ay nomás jodidos junto a John Lennon, Keith Richards y Mitch Mitchell) y Blind Faith, repitiendo con Ginger Baker y agregando a Steve Windwood y Ric Grech a la nómina. Por supuesto que más allá de que en las paredes es Dios y toca la lira como los ángeles, en aquellos años sesenta hubo de todo y sin medida. Pongamos que hablo de los maeses Bo Didley, Muddy Waters, Little Walter y Howlin Wolf, con The super super blues band.

Y en el lado más roquero y menos blues del asunto, (Bing) Crosby, (Stephen) Sitlls, (Graham) Nash and (Neil) Young. Emerson, Lake and Palmer son otro caso histórico con Keith, Greg y Carl, respectivamente y ni qué decir de The Wings, donde Paul MacCartney compartió escenario con Pete Townshend, John Paul Jones y John Bonham. Aunque quizá uno de los momentos más celebrables haya sido el que registraron cinco entes de peso pesado apellidándose Wilburys y declarándose viajeros frecuentes: La voz aperlada de Roy Orbison, el sabio de la tribu, Bob Dylan, la apuesta rocanrolera de Tom Petty, el genio del caballo negro George Harrison y la maestría del líder de Electric Light Orquestra, Jeff Lynne.

Lo mejor del asunto no es el recuento de los daños, sino la formidable posibilidad de mirarlos gracias al influjo del Youtube, y cultivar la capacidad de asombro al tener a los íconos en su estado natural. En algunos de los casos fueron flor (toquín de un día), como el show de los 30 años de carrera de Dylan; en otros el asunto sirvió para editar estupendos discos y engrosar las cuentas de los presuntos implicados, o al menos la egoteca, y de paso restarle dos rayitas a la soberbia insulsa de aquellos que creen que ya lo han visto todo.