Australadas

Baladas de piloncillo

"El amor no es la disculpa, es la razón de la culpa y la disculpa de la sinrazón".
Don Susanito Peñafiel y Somellera

Dicen que cae más rápido un hablador, en especial si es cojo. Eso me pasó el 14 de febrero. Yo, que como el andariego, siempre he sido en el amor llave de paso, por aquello de dejar pasar cuanta cursilería se me ponía enfrente, vine a ponerme en evidencia y de fea manera.

El fin de semana transmitimos en el 91.7 FM una programación especial dedicada al día del romance y la cuatitud, y como este fulano que escribe es rudo-rudo-rudísimo, que me monto en la idea de la anticelebración y a darle en contra de la melcocha.

Con esa lógica transitaron al aire aquellas rolitas infames con las que crecimos quienes ahora poblamos el cuarto piso de la vida. Ya se sabe, las clásicas de Siempre en Domingo, insufribles crímenes pop de los ochenta y los noventa. La idea era hacer una pretensiosa mesa de análisis semiótico de la memoria sensiblera, lo cual, por extraño que parezca salió a todas margaritas.

En compañía de mis cuatachos Lady Gabba y El Jerry Lugosi, me di un quién vive con el asunto a lo largo de las tres horas que duró el programa, tiempo en el que negamos cualquier relación con el escuincle de flecha, arco y nalguitas al aire, y que responde al nombre de Cupido. Hasta que fui ventilado por la dueña de mis quincenas y mis suspiros más inconfesables.

"¡Ni te hagas, ya confiesa al aire que eres un cursi de lo peor!", me dijo la interfecta, dejando herido mi orgullo de rebelde sin causa. Con la misión de la moral a cuestas, en especial por la balconeada, no quedó más remedio que reconocer que sí, que me podían las cositas tiernas y el romance. ¡Ay mi vidooo!

Tal vez fue eso o la resaca de ver a tanto cursilón comprando globitos, peluches y jalada y media, que me quedó una espina clavada en el alma. Por ello, cuando volví a estar frente al micrófono, tres días después, hubo que reivindicarse y no encontré mejor manera que hacerlo con una buena dosis de baladas poderosas.

Quien haya sobrevivido a los 80 y 90 sabrá a qué me refiero cuando digo "pagüer balads", esas rolitas hechas por gente gandalla con ánimo de demostrar que los rudos también lloran y pueden hacer algunos billetes con su sentimentalismo. Por ahí desfilaron Patience, de los Guns n´ Roses; Love bites, con Def Leppard; In a darkened room, de Skid Row; Home sweet home, con Mötley Crüe y, ay nomás pa´l gasto, I´ll be there for you de los Bon Jovi.

Entiendo que los defensores de las buenas costumbres y sobre todo los puristas del pop me van a querer cocinar en fritura profunda luego de este episodio, pero algo había que hacer para exorcizar los demonios del amor. Al menos los que me señalan como un ternurita de lo peor. El chiste era restituir el prestigio público y volver a la pose de poeta maldito.

Aunque viéndolo bien creo que salió junto con pegado. Lo único que faltó fue hacerme crepé en la melena, ponerme paliacate, mallas ajustadas, camiseta de los Stones y hacer un gritito viril estilo Axl Rose. Digo, para estar a tono con las baladas de poder, el espíritu de malandro y sobre todo el mood de piloncillo. ¡Chale!