Contrastes

Ecos de la inseguridad

Bajo ninguna circunstancia Puebla puede estar ajena de los graves problemas de inseguridad que aquejan a nuestro país y lo que ocurrió la semana pasada en San Gabriel Chilac y la avenida Juárez es un inevitable reflejo de la descomposición social.
Nadie debe alarmarse más de lo necesario, y mucho menos las autoridades poblanas, porque a pesar de las intensas campañas para difundir la tranquilidad en la que se vive en la entidad la realidad nos orilla a entender que Puebla jamás será una isla y los ecos de la inseguridad han llegado al corazón de la capital.
El tema de San Gabriel Chilac y su naciente grupo de autodefensa debe ser revisado con toda la seriedad posible por el gobierno del estado y la sociedad misma para entender la problemática de ese municipio, los factores que orillaron a los habitantes a organizarse para defenderse de la delincuencia.
Nadie debe espantarse de que un grupo de habitantes haya decidido organizarse para defenderse de cualquier tipo de delincuencia ante la incapacidad de las autoridades para frenar la ola de violencia.
El tema no debe sobredimensionarse, ni alarmar al resto de la sociedad poblana porque es ilógico pensar que lo ocurrido en Michoacán sea similar a Puebla.
El grupo criminal denominado Los Caballeros Templarios había secuestrado a las autoridades y sociedad de Michoacán y la situación prácticamente era insostenible para sus habitantes.
Y aunque en Puebla no se tienen los problemas de Michoacán con Los Caballeros Templarios, sí se tienen robos, secuestros, asaltos y otro tipo de inseguridad que afecta a la sociedad poblana y era evidente que una parte de ésta tendría que reaccionar para defenderse.
La inseguridad es un tema que obliga a la sociedad a tomar cartas en el asunto y ya empezaron en San Gabriel Chilac.
¿Qué municipio sigue?
Nadie lo sabe, pero tampoco está garantizado que el efecto se replique en otros puntos conflictivos de la entidad.
La política aplicada por el gobernador Rafael Moreno Valle ha sido efectiva porque estamos muy lejos de la situación de Michoacán, pero nadie puede blindar a la entidad para evitar que grupos delictivos de otras entidades vengan a Puebla.
En el caso del ataque al antro La Patrona de la avenida Juárez es un hecho que sí debe preocupar a las autoridades y a la sociedad.
Por nuestras calles de la capital circuló un grupo con armas de alto poder con la capacidad de atentar en las principales calles de la entidad.
Eso sí obliga a las autoridades municipales y estatales para dar las garantías a los poblanos para salir a los principales restaurantes y centros de diversión de la entidad.
Nadie debe perder de vista que la situación a la que se llegó en Monterrey y Coahuila empezó con un ataque a un antro.
No es momento de encender los focos rojos, pero sí de que las autoridades locales den respuestas pronto, que sean contundentes y creíbles.
Por el bien y tranquilidad de nuestra sociedad es necesario que se aclare el ataque a La Patrona.
Urgen respuestas.