Rumbo Político

La transparencia y la impunidad

Es el momento oportuno para erradicar la corrupción en nuestro país. Está en todas partes, permea en los tres niveles (municipal, estatal y federal), en la iniciativa privada; lamentablemente es una práctica cotidiana que hasta dicen que forma parte de nuestra idiosincrasia.

El presidente Enrique Peña clausuró el viernes pasado los trabajos de la Semana de la Transparencia en el Senado de la República; declaró que habrá un eficaz y definitivo combate a la corrupción. Ojalá no flaqueé.

El jefe del Ejecutivo ordenó a TODOS sus colaboradores del gobierno federal a poner en consideración de los habitantes lo que se hace y que se deja de hacer sin limitación en las diversas actividades ya que su administración está decidida a ampliar los horizontes de un gobierno abierto y lo mismo en el plano legislativo, jurídico, estatal y municipal.

Si bien es cierto que la transparencia se constituye en un instrumento a nivel nacional, para supuestamente prevenir y combatir la corrupción, con la finalidad de tener autoridades más abiertas, eficaces y cercanas a la gente, en la actualidad –desafortunadamente- estos proyectos siguen distantes de la realidad que vive la república entera.

Para muestra un botón: en Naucalpan (Estado de México), no se le han fincado responsabilidades a la ex alcaldesa María Otilia Azucena Olivares Villagómez, después dela deuda multimillonaria que legó su administración en el periodo (2009-2012); mientras que un trienio anterior (2006-2009) también había hecho lo propio, José Luis Durán Reveles, dos veces presidente municipal panista, quien por cierto ya asomó la cabeza "amenazando" con participar en los comicios del año entrante para intentar ser por tercera ocasión edil. ¡Cuánto cinismo!

La realidad es que el presidente Enrique Peña tiene la intención de que haya transparencia y rendición de cuentas de cualquier servidor público; primeramente se debe comenzar con acabar la impunidad y castigar ejemplarmente a todo individuo que utilice la administración pública para amasar fortunas incalculables.

Es el momento de cambiar radicalmente tanto en ideas como en actitudes, en disponibilidad; necesitamos servidores públicos y representantes populares honestos, con experiencia, trayectoria intachable, con vocación de servicio y que –sobre todo-amen profundamente a México.

Ya no debemos ni podemos tolerar a las ineficaces, voraces y arrogantes autoridades que, al nivel que sea, son repudiados por todos los estratos sociales por su nepotismo, excesos y falta de pericia; estamos fastidiados de los corruptos que como los huracanes se llevan todo lo que encuentran a su paso. ¡Ya basta!