Rumbo Político

El país se incendia…

Las protestas realizadas por miles de jóvenes que siguen exigiendo el esclarecimiento de la barbarie cometida en contra de los 43 estudiantes normalista de Ayotzinapa, Guerrero, el pasado 26 de septiembre, son actos condenables porque en transgreden aún más la paz social, que nos sigue robando día a día el crimen organizado en todas sus modalidades, que se sigue apoderando de comunidades en varios estado de la república mexicana.

El sábado pasado por la noche, la plancha del Zócalo de la capital de nuestra vapuleada república fue testigo por enésima ocasión, de una turba de enardecida de jóvenes que quemó la estructura y la Puerta Mariana de Palacio Nacional causando destrozos en las inmediaciones del Centro Histórico.

Mientras tanto, en Chilpancingo, Guerrero, habitantes de varios municipios conurbados decididos a hacerse justicia por su propia mano, irrumpieron violentamente en las instalaciones del Palaciode dicha entidad, además de secuestrar 28 camiones de pasajeros, bajando a los ciudadanos que viajaban en ellos ordeñándolos para llevarse el diesel y partir rumbo a Acapulco, en donde el domingo se enfrentaron y agredieron a la policía de dicho puerto, golpeando salvajemente a los elementos, hiriendo de gravedad a tres de ellos.

Si bien es cierto que la (des) impartición de justicia se ubica en el punto más álgido de las instituciones encargadas de éstas en sus tres niveles de gobierno, el sentimiento de la sociedad en general es de preocupación, de miedo, de impotencia, de desconfianza, de intranquilidad, de desesperación y de reprobación absoluta y total a esta masacre cometida en perjuicio de 49 personas en total, que resultan increíbles de procesar, por la forma en que narran los culpables (ya algunos detenidos) de cómo mataron y se deshicieron de los normalistas.

El presidente Enrique Peña condenó los ataques violentos registrados en el Distrito Federal y Chilpancingo, Guerrero (casi simultáneamente) desde su viaje por Asia, afirmando que quienes perpetraron estos hechos no se pueden escudar en la exigencia de la justicia.

Sin lugar a dudas, éstas no son las formas de exigir justicia; se equivocan quienes creen que violencia con violencia se paga. Ya basta de tolerar tanta bajeza de "ciudadanos inconformes" en cualquier parte de la república que se esconden en el anonimato; seguimos hundiéndonos, los problemas se agravan, no hay visos de mejoría, los valores y el tejido social están completamente despedazados, las autoridades correspondientes siguen sin frenar estos hechos reprobables y solucionar conflictos de cualquier índole, el país se incendia... ojalá que no arda.