Al Derecho

Por qué la democracia

El politólogo Robert A. Dahl (fue profesor de la Universidad de Yale) en su libro La democracia, se preguntó, ¿por qué deberíamos creer que la democracia es una mejor forma de gobierno que cualquier alternativa no democrática? En su respuesta afirma que en comparación con cualquier alternativa factible la democracia posee al menos diez ventajas:

La democracia ayuda a evitar el gobierno de autócratas crueles y depravados. El problema quizá más persistente y fundamental de la política es el de evitar el gobierno autocrático, durante toda la historia los líderes guiados por megalomanía, paranoia, interés propio, ideología, nacionalismo, creencias religiosas, convicciones de superioridad innata, o puro impulso y sentimientos, han explotado las excepciones capacidades del Estado para la coerción y la violencia con el objetivo de ponerlas al servicio de sus propios fines, y agrega, los costes humanos del gobierno despótico rivalizan con los de las enfermedad, la hambruna y la guerra.

La democracia garantiza a sus ciudadanos una cantidad de derechos fundamentales que los gobiernos no democráticos no garantizan ni pueden garantizar.

La democracia asegura a sus ciudadanos un mayor ámbito de libertad personal que cualquier alternativa factible a la misma.

La democracia ayuda a las personas a proteger sus propios intereses fundamentales. Dahl afirma, todos, o casi todos, deseamos ciertos bienes: sobrevivir, estar protegidos, alimentos, salud, amor, respeto, seguridad, familia, trabajo satisfactorio, ocio, y otros. Indudablemente que quien está incluido en el electorado de un Estado democrático, no puede tener ninguna certeza de que sus intereses serán adecuadamente protegidos; pero si está excluido, puede estar perfectamente seguro de que sus intereses serán seriamente vulnerados por negligencia o por daño directo.

Sólo un gobierno democrático puede proporcionar una oportunidad máxima para que las personas vivan bajo leyes de su propia elección. Un hecho básico en la vida es que aquello que uno desea hacer entra en conflicto a veces con lo que otros quieren hacer. Como uno no puede imponer sus deseos por la fuerza, deberá encontrar una manera de resolver sus diferencias pacíficamente. La creación de un proceso para acceder a decisiones sobre reglas y leyes  aseguraría que, antes de que la ley fuera promulgada, yo y todos los demás ciudadanos tuviéramos la oportunidad de que nuestros puntos de vista fueran conocidos, se nos garantizarían oportunidades para la discusión, deliberación, negociación y compromiso, y se promulgaría aquella ley que cuente con el mayor número de apoyos.

Solamente un gobierno democrático puede proporcionar una oportunidad máxima para ejercitar la responsabilidad moral. Esto significa que en una democracia se adoptan los principios morales y sólo se toman decisiones en función de esos principios después de haber entrado en un profundo proceso de reflexión, deliberación, escrutinio y consideración de las posibles alternativas y de sus consecuencias.

La democracia promueve el desarrollo humano más plenamente que cualquier alternativa factible. Esta es una observación empírica, una pretensión sobre hechos,  por lo que Dahl proponía (en 1998) que se estableciera una adecuada forma de medir y comparar el “desarrollo humano” entre personas que viven en regímenes democráticos y no democráticos, esta propuesta la consideraba entonces como una labor de una dificultad asombrosa.

Sólo un gobierno democrático puede fomentar un grado relativamente alto de igualdad política. Una de las razones más importantes para preferir un gobierno democrático es que puede conseguir la igualdad política entre ciudadanos en una medida muy superior que cualquier alternativa factible.

Las democracias representativas modernas no se hacen la guerra entre sí. Esta es una extraordinaria cualidad de los gobiernos democráticos que en gran medida fue impredecible e inesperada, ya que de treinta y cuatro guerras internacionales entre 1945 y 1989, ninguna tuvo lugar entre países democráticos. Eso sí, los gobiernos democráticos hicieron la guerra a países no democráticos, como en la I y II Guerras Mundiales, pero ninguna guerra ha sido entre países democráticos.

Los países con gobiernos democráticos tienden a ser más prósperos que los países con gobiernos no democráticos. La experiencia de los siglos XIX y XX demostró que las democracias eran prósperas, y en comparación, los países no democráticos eran generalmente pobres. Existen numerosos estudios que avalan la relación directa que existe entre democracia y economías de mercado exitosas.

Eso sí, no todo hay que esperarlo de la democracia, el propio Dahl afirma, sería un grave error esperar demasiado de cualquier gobierno, incluso de un gobierno democrático, la democracia no puede garantizar que sus ciudadanos serán felices, prósperos, saludables, sabios, pacíficos o justos, ya que alcanzar estos fines está más allá de la capacidad de cualquier gobierno, incluido un gobierno democrático.

W. Churchill dijo que “la democracia es el peor de los sistemas, con excepción de todos los demás”, esa frase sigue siendo válida.

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