Al Derecho

Posverdad

Es tradición que el Diccionario Oxford, el más difundido en lengua inglesa, elabore una lista anual de las palabras que más incrementaron su uso. En este 2016 la palabra del año fue Post-truth (posverdad), a la que define como: “Relativo o referido a circunstancias en las que los hechos objetivos son menos influyentes en la opinión pública que las emociones y las creencias personales”.

El Diccionario explica que el concepto posverdad existe desde hace una década pero que su uso se ha incrementado en este año en el contexto del referéndum británico sobre la permanencia del Reino Unido en la Unión Europea, así como en el proceso electoral de los Estados Unidos, y generalmente se utiliza acompañado a la palabra política: post-truth politics.

Asimismo el Diccionario dio a conocer el significado de otras palabras que los expertos escogieron este año como finalistas, entre otras, adulting –comportarse como un adulto responsable, especialmente en la realización de tareas mundanas pero necesarias-; alt-right –derecha alternativa, o grupo ideológico asociado con puntos de vista extremadamente conservadores-; brexiteer –persona a favor de que el Reino Unido salga de la UE-; chatbot –programa diseñado para simular una conversación en el internet-; coulrophobia –fobia a los payasos-; Latinx –persona de origen latinoamericano o descendiente de-; woke –alerta a la injusticia en la sociedad, especialmente ante el racismo-. En años anteriores han sido seleccionadas como palabras del año, selfie (2013), vapear (2014) emoji (2015).

En el libro En torno al hombre, introducción a la filosofía (RIALP, 2002), José Ramón Ayllón al hablar de las opiniones y certezas, afirma, el convencimiento que un hombre posee sobre la verdad de sus conocimientos admite grados, el más bajo se llama duda y consiste en fluctuar entre la afirmación y la negación de una determinada proposición, sin inclinarse hacia un extremo de la alternativa más que hacia el otro. Agrega, por encima de la duda está la opinión, que es la adhesión a una proposición sin excluir la posibilidad que sea falsa.

Al hablar del subjetivismo y verdad, explica que la verdad es la adecuación entre el entendimiento y la realidad, por eso depende más de lo que son las cosas que del sujeto que las conoce, y es el sujeto quien debe adaptarse a la realidad, reconociéndola como es; en cambio, el subjetivismo surge precisamente cuando la inteligencia prefiere ahorrarse el esfuerzo o el disgusto de ver las cosas como son y decide colorear la realidad según sus propios gustos, entonces la verdad ya no se descubre en las cosas, sino que se inventa a partir de ellas.

En relación al proceso que Ayllón denomina “la corrupción de la verdad”, sostiene, la verdad no depende de la mayoría, ya que la verdad es la realidad, no consiste en la opinión de la mayoría, ni en el común denominador de las diferentes opiniones. Por eso, esgrimir como supremo argumento lo que hace o piensa la mayoría de la gente constituye una pobre excusa: puede ser la coartada de la propia fragilidad o del propio interés, además, invocar a la mayoría como criterio de verdad equivale a despreciar la inteligencia.

Es un hecho que en los procesos electorales, incluso en las sociedades más democráticas, la verdad se inventa, se corrompe o se tergiversa; que en las contiendas políticas cada vez más se puede constatar que lo que las decide no son las ideas, los argumentos o los programas sólidos de partidos y candidatos; y que por desgracia, para ganar elecciones no basta con convencer a los votantes con la razón y la objetividad de los hechos.

Como ha quedado demostrado, en los procesos electorales de este año en el Reino Unido y en Estados Unidos triunfó la mentira, el engaño y la demagogia populista, conductas que ya se les identifica con la palabra posverdad, término que ya ha sido incorporado en el lenguaje culto.

Ante esas posturas que producen decisiones trascendentales  es indudable que el mundo de la política esté alarmado y temeroso, pues se entiende que en lo sucesivo bastará que surja un movimiento alternativo de rechazo o un personaje singular que sea capaz de trasmitir su mensaje o que su figura logre cautivar a los votantes para que estos le otorguen su apoyo emocional, más allá de constatar la verdad de sus dichos, la viabilidad de sus propuestas, sus hechos de vida o su moral pública.

La corrupción de la verdad supone que  los hechos objetivos influyen menos en la opinión pública que las emociones y las creencias personales.

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