Al Derecho

Relación bilateral

La relación entre México y los Estados Unidos lleva más de doscientos años, durante ese tiempo se han producido conflictos fronterizos, intervenciones militares, despojos territoriales, tratados de amistad, acuerdos de cooperación, alianzas comerciales, la migración de millones de mexicanos que con su trabajo han contribuido a la prosperidad económica de ambos países, y ahora, el desprecio del presidente Trump y su exigencia de que México “debe tratar a los Estados Unidos con justicia y respeto”.

El periodista Gastón García Cantú en el libro Las invasiones norteamericanas en México (FCE) explica muchas de las difíciles cuestiones que nuestro país ha tenido que sortear en su relación con los Estados Unidos y señala numerosas invasiones a suelo patrio, la mayoría de ellas poco significativas, pero entre los  hechos históricos que describe, destacan los siguientes.

La cesión de territorio por el Tratado de Límites Onís-Adams en 1819; las tentativas de formar milicias para invadir Texas en 1821; la intervención de Joel R. Poinsett en las negociaciones con Azcárate, agente de Iturbide, para ampliar los  límites fronterizos; la designación de Poinsett como ministro plenipotenciario en México, momento a partir del cual la intervención de los Estados Unidos, de forma sutil o de manera descarada, ha sido permanente.

El primer objetivo de los estadunidenses fue obtener de México más territorio, ya antes de la declaración de independencia de Texas de 1836 se dieron frecuentes actos de provocación, sublevaciones y rebeliones con ese propósito. La defensa de Santana para impedir la secesión de la “República de Texas” culminó con la incorporación de este estado a la Unión Americana en 1845.

El episodio más humillante de esta relación ha sido la guerra de intervención en 1847, el ejército estadunidense ocupó la Ciudad de México y durante ocho meses la bandera americana ondeó en Palacio Nacional, hasta el 30 de mayo de 1848 con la firma del Tratado “Guadalupe Hidalgo” que legalizó la pérdida de la mitad del territorio mexicano. En 1853 se cedió más territorio con la venta de La Mesilla.

García Cantú sostiene que los presidentes Buchanan, Lincoln y Johnson, de 1861 a 1868, nada hicieron para ayudar a México, por el contrario, dice, ayudaron tenazmente a los invasores franceses, afirmación que no parece consecuente con los hechos, a pesar de las cláusulas leoninas del Tratado McLean-Ocampo. En el Porfiriato, el caudillo supo contener los afanes expansionistas y promovió el ingreso de capital americano en ferrocarriles, petróleo, minas, bancos.

Durante la Revolución, el embajador Henry Lane Wilson fue actor importante en el derrocamiento, el asesinato del presidente Madero y el encumbramiento de Huerta, no obstante lo cual el presidente W. Wilson autorizó la expedición punitiva de 1914, última invasión militar que ha sufrido México.

A los presidentes Carranza y Obregón les costó mucho trabajo ser reconocidos por el gobierno estadunidense. La expropiación del petróleo en 1938 afectó la relación, pero en 1942 el presidente Ávila Camacho colaboró con Estados Unidos y le declaró la guerra a las potencias del eje, apoyo que se vio recompensado con la política “de buena vecindad” que permitió la admisión de importantes flujos de braceros en las siguientes dos décadas. Los presidentes Echeverría, López Portillo y de la Madrid no pudieron tener relaciones cordiales con Estados Unidos.

El presidente Salinas logró modificar sustancialmente la relación bilateral, veintitrés años después de que entró en vigor el Tratado de Libre Comercio, según datos del periódico El País, en los estados fronterizos viven 83 millones de personas en ambos lados; existen 54 puertos para el cruce de personas y mercancías por las que transitan 300 mil vehículos, 70 mil camiones de carga y un flujo de mil millones de dólares por día; México tiene superávit de más de cien mil millones de dólares en su relación comercial; las remesas que envían los trabajadores mexicanos llegan ya a 25 mil millones de dólares anuales.

Ese superávit y esas remesas es lo que el presidente Trump quiere limitar, también quiere frenar la llegada de más migrantes ya que los 33.7 millones de personas de origen mexicano, 11 por ciento de la población total de los Estados Unidos, no son de su agrado.

La emisión de órdenes ejecutivas draconianas y el intercambio de amenazas verbales no ayudará a que México trate con “justicia y respeto” a los Estados Unidos, como exige Trump.

La orden del presidente Peña Nieto para que los cincuenta consulados mexicanos en Estados Unidos defiendan y protejan a nuestros compatriotas de amenazas legales o policiacas es importante pero no es suficiente; tampoco lo es aparecer en la televisión tratando de tranquilizar a los mexicanos. La defensa de los intereses nacionales exige acciones inteligentes y valientes.

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