Al Derecho

El buen gobierno

En todos los países del mundo existe la misma preocupación, ¿cómo tener gobiernos eficaces?, cualquiera que sea el sistema político, partido gobernante, nivel de desarrollo económico o calidad de sus democracias, las sociedades modernas reclaman un mejor gobierno. El catedrático sueco de la Universidad de Gotemburgo, Bo Rothstein, se ha dedicado a investigar esos temas, es autor de varios libros sobre buen gobierno, corrupción, aspectos morales y políticos del Estado de bienestar, la inequidad y confianza social, entre otros, y es uno de los científicos políticos más reconocidos internacionalmente.

 En una entrevista con el periódico madrileño El Confidencial sostiene, “la gente vota a los corruptos porque les da igual que lo sean mientras ayuden”, asegura, vivimos un momento peculiar en la historia de la política y el gobierno de lo público pues aunque la democracia se ha extendido en todo el mundo, esta no siempre viene asociada a un buen gobierno; puede ser una democracia con un alto nivel de calidad de gobierno o puede ser una democracia con un bajo nivel de calidad de gobierno, incluso algunas dictaduras tienen gobiernos de calidad.

La mala noticia es que de acuerdo a sus investigaciones la correlación entre niveles de democracia y los de bienestar humano no son muy significativos, por eso el gran reto que tienen las democracias es ser capaces de cumplir con sus promesas; la democracia no es suficiente si no resuelve problemas como el nepotismo, la corrupción o el clientelismo, fenómenos que parecen crecer en diferentes países.

Para Rothstein, el buen gobierno es elemento esencial de una buena sociedad, y ésta supone, entre otros  factores, la ausencia de mortalidad infantil, una alta expectativa de vida saludable y mostrar una gran satisfacción vital; por lo que hace al factor económico asegura que no es tan importante como podría parecer ya que más allá de una renta de 24,000 dólares anuales (26,000 pesos mensuales) la felicidad no aumenta sustancialmente con la cantidad de ingresos.

Por lo que hace a la corrupción, señala que éste es uno de los factores que más daño hace al buen gobierno, hace veinte años preocupaba casi nada, ni siquiera era un tema de investigación, la gente no consideraba que fuese un problema y había una teoría que decía que aunque la corrupción era mala, en parte también tenía su aspecto positivo porque engrosaba la maquinaria y hacía que la rueda siguiese girando.

Para combatir la corrupción, este profesor, que también es coordinador científico de la ANTICOOPR, sostiene que debe hacerse a lo grande ya que si se intenta combatir pieza por pieza, se terminará perdiendo porque las redes de corrupción encontrarán estrategias para escabullirse; rechaza la idea que la corrupción es algo cultural y, por lo tanto, difícil de ser erradicado; según sus datos la corrupción no es algo cultural ya que todas las sociedades gozan de una idea universal de lo que es corrupción.

Uno de los problemas es que la corrupción es altamente contagiosa, afirma, tiene poco sentido ser el único doctor en un sistema médico corrupto, y además de estúpido, es probablemente muy peligroso, ser el único honrado en la policía de México, por eso la corrupción genera un círculo vicioso del que es difícil salir.

Una consecuencia negativa es la sorprendente reelección de políticos cuya corrupción ha sido ampliamente demostrada (señala el emblemático ejemplo de Silvio Berlusconi en Italia) y para la que se han elaborado toda serie de teorías; suele ocurrir con los políticos locales que, aunque no sean honestos, eso da igual si ayudan a la comunidad, traen el pan a casa en forma de contratos públicos.

Otras consecuencias de la corrupción son el desafecto que se puede dar con la política, los perjuicios que causa a la confianza entre las personas de una sociedad que al no poderse fiar de un juez o de un policía desconfiarán del resto, y más grave aún, la corrupción suele conducir a gente poco calificada a puestos importantes, lo que puede traer graves consecuencias en la población.

Fomentar la meritocracia, la transparencia, la igualdad de género y la inversión en la educación pública para que todo el mundo tenga las mismas posibilidades ayuda a fortalecer la democracia, formar buenos gobiernos y disminuir la corrupción.

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