Al Derecho

Verdad

Jaime Balmes fue un sacerdote español (1810-1848) que escribió varios libros, su obra más conocida es El criterio, obra en la que hace una serie de reflexiones sobre diversas materias. En el prefacio se dice que fue escrito con el corazón, por eso es profundamente humano ya que quien nos habla no es el filósofo sino la verdad misma que resuena en nuestro interior cuando nos susurra la conducta a seguir y la posición a adoptar.

El criterio dice Balmes “es un medio para conocer la verdad en las cosas y quererlas como es debido”. La verdad en las cosas es la realidad. La verdad en el entendimiento es conocer las cosas tales como son. La verdad en la voluntad es quererlas como es debido, conforme a las reglas de la sana moral. La verdad en la conducta es obrar por impulso de esta buena voluntad. La verdad en proponerse un fin es proponerse el fin conveniente y debido según las circunstancias.

La verdad en la elección de los medios es elegir los que son conformes a la moral y mejor conducen al fin. Hay verdades de muchas clases, porque hay realidad de muchas clases. Hay también muchas clases de conocer la verdad. No todas las cosas se han de mirar del mismo modo, sino del  modo que cada una de ellas se ve mejor.

El entendimiento sometido a la verdad, la voluntad sometida a la verdad, las pasiones sometidas al entendimiento y la voluntad, todo ilustrado, dirigido, elevado por la religión, he aquí al hombre completo, el hombre por excelencia. En él la razón da luz, la imaginación pinta, el corazón vivifica, la religión diviniza, afirma Balmes en el inicio de su obra.

El pensar bien consiste, o en conocer la verdad, o en dirigir el entendimiento por el camino que conduce a ella. La verdad es la realidad de las cosas. Cuando las conocemos como son en sí, alcanzamos la verdad; de otra suerte, caemos en error. Si deseamos pensar bien, hemos de procurar conocer la verdad, es decir, la realidad de las cosas.

El buen pensador procura ver en los objetos todo lo que hay, pero no más de lo que hay. Ciertos hombres tienen el talento de ver mucho en todo; pero les cabe la desgracia de ver todo lo que no hay, y nada de lo que hay. Otros adolecen del defecto contrario: ven bien, pero poco; el objeto no les ofrece sino por un lado; si éste desaparece, ya no ven nada. Éstos se inclinan a ser sentenciosos y aferrados en sus temas. Se parecen a los que no han salido nunca de su país: fuera del horizonte a que están acostumbrados, se imaginan que no hay más mundo.

Respecto de la moral, Balmes sostiene que la mejor guía del entendimiento práctico es la moral, y que en el gobierno de las naciones, la política grande es la política de la conveniencia pública, de la razón, del derecho. Al hablar del arte de gobernar, afirma, no lo dudemos, el arte de gobernar no es más que la razón y la moral aplicadas al gobierno de las naciones; el arte de conducirse en la vida privada no es más que el Evangelio en la práctica.

Ni la sociedad ni el individuo olvidan impunemente los eternos principios de la moral; cuando lo intentan por el aliciente del interés, tarde o temprano se pierden, perecen en sus propias combinaciones. El interés que se erigiera en ídolo, se convierte en su víctima.

La experiencia de todos los días es una prueba de esta verdad, en la historia de todos los tiempos, la vemos escrita con caracteres de sangre. Por esta razón los cálculos basados sobre el interés, en oposición con la moral están muy expuestos a salir fallidos, enredándose la inmoralidad en sus propios lazos.

Para Balmes El criterio es un conjunto de principios, de reglas, de observaciones, y sobre todo, de ejemplos en escena que ha procurado hermanar la variedad con la unidad y lo ameno con lo útil.

En la búsqueda de medios que nos permitan conocer la verdad de las cosas, leer obras como la que aquí se comenta nos ayuda a pensar mejor.

 

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