Al Derecho

Reino, unido

El Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte (UK) es el nombre oficial de la unión que integran Inglaterra, Gales, Escocia e Irlanda del Norte. El rey Jacobo VI incorporó la corona escocesa a la de Inglaterra desde 1603 y el Parlamento de Inglaterra aprobó el Acta de la Unión en 1707, año en que se proclamó la unión de ambas coronas y parlamentos.

En estos trescientos años de vida en común ambos países se han integrado plenamente y no obstante que el territorio de Escocia (su superficie es igual que la de Jalisco) representa una tercera parte y de que sus habitantes son menos del 10% de la población británica, su influencia y contribución en la economía, ciencia, cultura y política (A. Blair y G. Brown, últimos primeros ministros son escoceses) ha sido muy relevante.

El Partido Nacionalista Escocés (SNP) nació en 1928 (según estadísticas, hace 50 años sólo uno de cada diez escoceses quería ser independiente), en 1979 se celebró un referéndum para que se aprobara un proyecto de autonomía pero esa propuesta no obtuvo mayoría de votos, no obstante lo cual, en 1997, por iniciativa del gobierno laborista de Blair se restableció el Parlamento escocés y se instauró un régimen de autonomía. El afán separatista empezó a tomar fuerza en 2011 con el triunfo del Partido Nacionalista, su líder Alex Salmond negoció con el gobierno y el Parlamento británico la convocatoria a un referéndum para que los escoceses, de una vez por todas, decidieran si querían ser una nación independiente o seguir formando parte del Reino Unido.

El referéndum se realizó el 18 de septiembre, de los 5.5 millones de habitantes, 4.3 millones (incluidos los mayores de 16 años) se inscribieron para votar, concurrió a las urnas el 84.6% del electorado, el 55.3% rechazó la independencia, en tanto que el 44.7% votó por el sí; fue un triunfo claro de los unionistas quienes además ganaron en 28 de las 32 circunscripciones.

Esta participación demuestra el enorme interés de los escoceses en definir su futuro, los resultados son más amplios de lo que pronosticaron casi todas las encuestas, no obstante que en los últimos días reflejaron la tendencia creciente del no. Hace cuatro meses al entrevistarme en varias ciudades de Escocia con personas de diferentes ámbitos me aseguraban, con razones sólidas, que el no ganaría y que Escocia seguiría unida al Reino, predicciones ahora confirmadas.

La verdad es que en este referéndum, más que decidir sobre reivindicaciones históricas, culturales o cuestiones de tipo religiosas o políticas, lo que siempre gravitó en la mente de los ciudadanos y lo que influyó de manera determinante en el voto fue algo más pedestre, ¿seré más rico siendo habitante de una nación independiente o viviré mejor siendo parte del Reino Unido?

No hay que engañarse, la verdadera cuestión en este referéndum siempre fue un tema económico, no algo emocional, así lo demuestra el hecho que la promoción del sí giraba, preponderantemente, en el argumento que el petróleo los haría más ricos; en cambio, los que estaban a favor del no demostraban, racionalmente, con cifras y datos duros, que el pago de las pensiones, la libra esterlina como moneda nacional, la reina como jefa de Estado, la pertenencia a la Unión Europea y otros asuntos importantes, estarían mejor garantizadas en su sociedad con Londres que emprendiendo una aventura independentista cuyos costos serían mayores y con resultados impredecibles en el corto plazo.

Es importante tener en cuenta que este referéndum no se convocó porque existan fuertes agravios entre esos pueblos, afanes soberanistas manifiestos o reivindicaciones históricas impostergables; no, el hecho es que el Partido Nacionalista (ahora mayoritario) sintió que era un momento adecuado para conquistar más poder, y aunque perdió al final será ganador pues a partir de ahora se inicia un nuevo periodo de negociaciones que darán más poder territorial a los escoceses, y seguramente el siguiente paso será adoptar un modelo federal que les otorgue mayores competencias.

Aunque a muchos no les guste, no quieran aceptarlo o les parezca vulgar, los escoceses votaron con sus manos en los bolsillos y al ser tan listos como los catalanes saben que el cerebro está más arriba que el corazón.

 

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