Al Derecho

Principios republicanos

Uno de los términos más utilizados en la mayor parte de los países del mundo es el de República, su descripción etimológica (cosa pública) no tiene  problema para ser comprendido pero no explica lo qué es; respecto de su acepción jurídica, bastaría decir que República es una forma de gobierno representativa opuesta a la monarquía.

Aun cuando hace dos mil quinientos años en la literatura griega se hablaba (Homero, Sófocles, Eurípides, Tucídides, Heródoto)  y se practicaba la forma republicana; a pesar de que Roma durante 500 años fue una República como bien lo explicaron Catón, Cicerón y Séneca; de que en el renacimiento algunas ciudades-Estado italianas como Florencia y Venecia, al influjo de las ideas de Maquiavelo y de algunos otros teóricos lucharon denodadamente por la forma republicana resulta difícil entender por qué la monarquía fue el sistema de gobierno predominante durante dos mil años.

No sería sino hasta que las revoluciones americana y francesa del siglo XVIII, influidas por las ideas de los enciclopedistas y de Rousseau y Montesquieu establecieron la República como forma constitucional de gobierno, lo mismo hicieron los países latinoamericanos, sin embargo, en el siglo XIX y buena parte XX la mayoría de la población del mundo estuvo dominada por reyes, príncipes y emperadores como lo demuestra el hecho de que en 1904 todos los países de Europa eran monarquías, con excepción de Francia y Suiza.

Roberto Gargarella, profesor argentino de Teoría Constitucional y Filosofía Política, en el libro colectivo Filosofía Política contemporánea (UNAM, 2004) al explicar el significado de republicanismo señala que este término resulta demasiado vago e impreciso y que para bosquejar el republicanismo es necesario partir de un “mínimo común denominador” y establece como notas comunes del republicanismo su concepción antitiránica (contraria a toda dominación), la reivindicación de la libertad (ausencia de dominación) y la persistente defensa de ciertos valores cívicos (larga lista que incluye valores como la igualdad, simplicidad, honestidad, frugalidad, patriotismo, integridad, sobriedad, abnegación, laboriosidad, generosidad, activismo político, solidaridad, y en general, el compromiso con la suerte de los demás).

Esos principios republicanos son contrarios a la ambición, la avaricia, el orgullo, la prodigalidad, la ostentación, el refinamiento, el cinismo, la cobardía, la extravagancia y el lujo. Sus principales críticas sociales apuntaban hacia la corrupción y las actitudes opresivas de los sectores gobernantes, por lo tanto, la monarquía aparecía como la obvia fuente generadora de estos males.

Ahora bien, ¿cuáles son las condiciones de la vida republicana? Ante todo su rechazo de la dominación y la tiranía, el republicanismo reivindicó una idea robusta de libertad, de autogobierno, pero dicha libertad, dice Gargarella, precisaba para su sostenimiento de la virtud de los ciudadanos y dicha virtud requería de ciertas precondiciones políticas y económicas que todo buen gobierno debería contribuir a mantener y desarrollar.

Los republicanos tendieron a defender una organización institucional que alentara la discusión pública en torno al bien común, un objetivo que podría ser alcanzado tanto a través del sistema educativo como a través del propio sistema político.

Para el republicanismo lo que distingue a la política es –como dijeron Arendt y Aristóteles- la posibilidad de una intervención activa, compartida, colectiva, deliberada, sobre nuestro propio destino, porque sólo en la vida pública se puede de modo conjunto y como comunidad, ejercer nuestra capacidad humana para pensar lo que hacemos y hacernos cargos de la historia.

En México, en 1810 nos liberamos de una monarquía y copiamos el modelo americano de frenos y contrapesos, sistema bicameral y organización federal, en 1867 se destronó a un emperador, en 1910 se derrotó la tiranía, la ostentación y el lujo de unos cuantos, y no obstante que desde 1824 las diversas constituciones establecieron la República como forma de gobierno.

John Adams hace 230 años afirmaba que la virtud y la simplicidad de modales son indispensables en una república en todos los órdenes y grados humanos, pero que, sin embargo, existía tanta corrupción y venalidad, tanta avaricia y ambición que a veces dudaba que existiera el grado de virtud pública necesario para el mantenimiento de la república.

La virtud pública y la simplicidad de la vida ciudadana, más que las leyes y los discursos, son principios republicanos que deben restablecerse.

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