Al Derecho

Pérdida de confianza

En relación a las desafortunadas expresiones del presidente del INE, grabadas y divulgadas de manera subrepticia, le aplican algunas tesis sobre responsabilidad social, ejemplaridad pública y confianza que hacen algunos autores.

En uno de los capítulos de su libro El mercado de la virtud, moral y responsabilidad social en la sociedad liberal (Gedisa, 1998) Michael Baurmann, afirma, una persona posee integridad personal cuando la imagen que otras personas tienen de su persona, de su objetivos, de sus motivaciones y actitudes, coincide en lo esencial con su autoimagen, con su propio conocimiento de sus peculiaridades y rasgos caracterológicos. Ser una persona íntegra significa que uno lleva una vida “auténtica”, libre de simulaciones e hipocresías estratégicas, que uno no busca ocultar sistemáticamente sus actitudes y sentimientos con el fin de transmitir una impresión errónea de su persona y sus peculiaridades y obtener ventajas personales a partir de una impresión falsa.

Al analizar los riesgos personales de lo que él llama un simulador, dice que uno de estos es la pérdida de la reputación y del status, la pérdida de la reputación es un daño potencialmente grave porque, en principio, es muy difícil recuperar la reputación perdida y que el daño producido amenaza con convertirse en un daño irreversible, y afirma, mientras que es fácil perder una buena fama, es muy difícil transformar una mala fama en una buena.

La suposición de que se es una persona íntegra y digna de confianza puede ser refutada irrebatiblemente con un “único paso en falso”; en cambio, acciones particulares conforme a la norma y virtuosas, por más numerosas que sean, no eliminan necesariamente la opinión de que se es un simulador pues cuando un actor ha sido desenmascarado como simulador –es decir, que tiene una “mala” fama- la situación cambia considerablemente en su contra.

Javier Gomá en Ejemplaridad pública (Taurus, 2009) al hablar de la responsabilidad del político, afirma: la responsabilidad por las consecuencias morales en la vida de los otros dimanadas del propio ejemplo es universal. El igualitarismo de la ejemplaridad es asimismo compatible con la responsabilidad reduplicada de determinados ejemplos morales, atendiendo a la posición singular que ocupan en la sociedad, de ahí que el imperativo de la ejemplaridad pública es general y alcanza a toda persona pública, por lo que una vez ganada esa posición en el mundo, ya no es lícito distinguir dentro del yo dos esferas, una privada y otra pública (lo que no quiere decir que carezca de intimidad o que el Estado o terceros estén legitimados a invadir su vida privada); para él, todo lo personal es político.

A su vez, el filósofo español Julián Marías, escribió: es posible que los conceptos de acierto y error no pertenezcan estrictamente a la moral, sino que tienen que ver con la inteligencia o la destreza; pero no se puede omitir este aspecto de la moralidad porque tiene indirecta repercusión en las consecuencias, y por tanto en la conexión de los ingredientes de la vida. La moralidad aparece ante todo como justificación de los actos. Lo que no se justifica es arbitrariedad o frivolidad, o bien claudicación, cesión entrega.

La confianza –afirma Marías- no se compra, no se impone, no se fabrica: la confianza se inspira, la confianza despierta en uno tras un juicio global sobre la persona que la recibe y en quien la depositamos. La inspiración de confianza brota del aura carismática de una ejemplaridad personal.

El académico Lorenzo Córdova Vianello, doctor en teoría política por la Universidad de Turín, presidente del Instituto Nacional Electoral, como dice Baurmann, “con un único paso en falso” ha cambiado considerablemente la situación en su contra pues ha dañado su integridad y su reputación.

El contenido y la forma de sus comentarios sobre una reunión de trabajo con indígenas lo han exhibido como un joven frívolo (típico mirrey), y aunque este error no provocará su cese como funcionario, la pérdida de confianza de la sociedad -no de los partidos- minará su liderazgo como autoridad electoral y le afectará en su futuro político (Emilio, idem).

Es una lástima que un funcionario que parecía actuar con ejemplaridad personal se haya dañado tan tontamente; pero más triste es la decepción, que en caso de vivir, hubiera provocado a su padre, un mexicano eminente.

 

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