Al Derecho

Pena de muerte

Después de que durante siglos se condenó a muerte a miles o millones de personas, en Europa, al final de la Segunda Guerra Mundial creció una corriente abolicionista de la pena de muerte que influyó en todo el orbe, 70 años después de esa ola libertaria resulte frustrante que se sigue aplicando la pena capital legalmente en al menos 50 naciones.

El proceso irregular que se siguió a Jesucristo, su condena injusta y su crucifixión, que se convirtió en el mayor sacrificio por la redención de la humanidad es un caso singular que no puede compararse con las condenas a muerte que se siguen dando en algunos lugares del mundo ya sea por razones religiosas, políticas o por decisiones judiciales; esas muertes nunca dejarán de ser injustas e inhumanas por más que algunos pretendan darle un sentido de disuasión a delinquir, pues en los hechos esos homicidios legales son más una venganza que un mero castigo.

Una característica muy acusada de la sociedad actual es el fuerte acento que se ha puesto en la defensa de los derechos humanos, las constituciones declaran que la actuación de los órganos estatales tiene por objeto el respeto y la garantía de los derechos humanos y no obstante que existe una amplia gama de leyes, instituciones e instancias judiciales que tienen como objetivo proteger, garantizar y promover esos derechos fundamentales, lo cierto es que algunas autoridades siguen dando muerte de manera atroz.

Después de que durante siglos se condenó a muerte a miles o millones de personas, en Europa, al final de la Segunda Guerra Mundial creció una corriente abolicionista de la pena de muerte que influyó en todo el orbe, setenta años después de esa ola libertaria resulte frustrante que se sigue aplicando la pena capital legalmente en al menos 50 naciones. En México, apenas en diciembre del 2005 se eliminó de la Constitución la pena de muerte, por más que hacía décadas no se condenaba a nadie a morir.

Aun cuando en la mayor parte del mundo no se castiga legalmente con la muerte, es inconcebible que en Estados Unidos, país que se ha convertido en guía moral del mundo, que vigila el comportamiento de los demás, que extiende certificados de buena o mala conducta a los demás y que sanciona a las naciones en donde no se respetan los derechos humanos, mantenga en las leyes y permita que se condene a miles de personas a morir en la silla eléctrica (método usado desde 1880 en Nueva York) o mediante inyección letal como métodos que han superado la antigua práctica de ahorcarlos o colgarlos en una plaza pública. (A propósito de esto, en Europa se utilizaba la guillotina, y apenas hace 40 años en España la pena se ejecutaba a “garrote vil”).

En los Estados Unidos en el 2013 se dictaron 80 sentencias y fueron ejecutadas 39 personas (casi la mitad de ellas en Texas),  los estados  abolicionistas ya son 18 por 32 que legalmente aceptan la pena de muerte aunque no la practiquen; desde 1976 se ha ejecutado a 1400 personas y existen 3,125 en el “corredor de la muerte” (solo en California son 731 los presos sentenciados que se encuentran en espera de morir).

¿Tiene alguna incidencia la pena de muerte en disminuir los delitos? Pareciera que ninguna, por ejemplo, en el caso del mexicano Ramiro Hernández LL., (el onceavo mexicano ejecutado) cometió los delitos de homicidio y violación en 1997, en el 2002 fue sentenciado y su final llegó 17 años después de que cometió esas faltas, (de las que se arrepintió en el último momento y pidió disculpas a los familiares de las víctimas).

De acuerdo con datos de Amnistía Internacional, en el año 2013 se registraron 778 ejecuciones en 22 países del mundo, de esos, el más significativo es Irán en donde oficialmente se reconocieron 369 ejecuciones. En contraste con esos “homicidios legales” el Estudio Mundial sobre Homicidio señala que en el mundo se cometen varios cientos de miles de homicidios, tan solo en el  2012 en Estados Unidos se cometieron 14,827 homicidios (4.7 por cada cien mil habitantes) mientras que en México fueron 26,037 (25.2) y en la India 43,355 (3.5) que es uno de los índices más bajos medido por número de habitantes pero el de mayor número de muertos, muertes que en muchos casos son producto de acciones salvajes, difícil  de imaginar en cuanto a la saña y atrocidad con la que se cometen.

La pena de muerte es una sanción primitiva que debe ser proscrita en todo el mundo.