Al Derecho

Paroxismo

El diccionario de la RAE define paroxismo, en una de sus acepciones, como "exaltación extrema de los afectos y pasiones". Donald Trump es una persona con muchos defectos, es desagradable, deshonesto, fanfarrón y muchas cosas más, por eso resulta exagerado victimizarlo solo por sus vulgares expresiones sobre su gusto por las mujeres en una conversación privada y no por su manifiesta falta de credibilidad en el ámbito político y en su vida personal.

Todas las mujeres merecen respeto, pero ocurre que buena parte de la literatura, de las canciones, de las películas, de los programas de televisión, y en la realidad misma sucede que los hombres siempre intentan hacer suya a una mujer y suspiran (o supuran) por ellas, de ahí que la pretensión de los hombres por las mujeres es un tema dominante en cualquier época, cultura o clase social.

Resulta hipócrita acusar a Trump de su desenfrenado gusto por las mujeres (eso antes era una virtud, ser divorciado un defecto) cuando muchos políticos, como los Kennedy y el mismo Clinton, tuvieron muchas aventuras sexuales y no solo conversaciones lujuriosas. El agresivo comportamiento sexual de John F. Kennedy es legendario, su relación con Marylin Monroe es un icono de los años sesenta, la fotografía del Happy Birthday Mr. President que le cantó en un cumpleaños en el Madison Square Garden de Nueva York es seguramente la fotografía más grande que ahí se exhibe.

Sus hermanos no se quedaban atrás, Mary Jo Kopchne secretaria del senador Edward, falleció en un accidente de auto en 1969, éste abandonó el lugar y eso le costó una condena de dos años y el fin de sus aspiraciones presidenciales, pero no afectó sus sucesivas reelecciones como senador (lo fue durante 47 años, de 1962 hasta su muerte en 2009) ni su vida donjuanesca.

En la tarea de masacrar a Trump también hay enorme dosis de cinismo, sobre todo de los Clinton. En 1992 Hillary defendió gallardamente a su esposo Bill cuando la cantante de cabaret Gennifer Flowers lo acusó de haber sido su amante; siendo presidente Bill fue demandado por Paula Jones; y el caso más sonado de sus relaciones extramaritales fue el de Mónica Lewinsky (por lo menos uno de esos encuentros se celebró en la Sala Oval el mismo día que Clinton recibió ahí al presidente Ernesto Zedillo), affaire que le costó un juicio político por haber mentido repetidas veces, pero tuvo suerte, el Senado lo exoneró al considerar que su conducta sexual impropia eran actos privados que no afectaban su desempeño como presidente de los Estados Unidos.

Es entendible que los ataques sexistas contra Trump sean parte de la guerra sucia electoral, y como está tan desprestigiado y le cae mal a casi todo el mundo (literal) el daño que ha recibido por sus comentarios ha sido demoledor, a diferencia de las proezas sexuales de los demócratas Kennedy y Clinton, que casi resultan ser un modelo de conducta.

Por eso, quienes acusan a Trump de ser un seductor (así se decía antes, ahora se dice acosador) y creen que no debería de ser presidente por esos comentarios exageran, Trump es más inmoral que las palabras proferidas sobre las mujeres, hasta ahora ha tenido tres matrimonios, ha evadido al fisco durante décadas, se ha declarado en quiebra varias veces, tiene miles de juicios legales, muchos de sus negocios han sido turbios, no entiende de política, no es un hombre prudente, y resulta que lo peor de su persona es manifestar su deseo de poseer a una señora casada y lo mucho que le gustan las mujeres.

Los republicanos se pegaron un tiro con Donald Trump, ganó la candidatura contra todo pronóstico, no pudieron encontrar un candidato fuerte que lo superara, tuvieron miedo de que participara como candidato independiente ya que les hubiera quitado millones de votos y aunque la dirigencia republicana siempre lo ha rechazado por su escasa moralidad, su extremismo populista, su ego inmoderado y su incompetencia política, todos estaban tan asombrados de la intención de voto que alcanzó, que ahora empiezan a desmarcarse de su candidatura.

Resulta exagerado sostener que la divulgación y manipulación excesiva de esa grabación es el momento que definió la elección presidencial en los Estados Unidos, y a la hipocresía y al cinismo sexual se agrega una dosis de paroxismo, ya que, paradójicamente, la exaltación extrema de las pasiones femeninas de Trump han producido un exaltado sentimiento de afecto por Hillary Clinton.

Trump, para fortuna de todos, no va a ganar la elección por ser como es no por lo que dijo de las mujeres, pero el impacto negativo que tendrá en la elección de diputados y senadores republicanos es aún impredecible.