Al Derecho

Mercados y moralidad

Siempre se ha discutido cuáles deben ser los límites morales del mercado, el propio Adam Smith, doctor en leyes y padre de la economía capitalista, fue profesor de filosofía moral en la Universidad de Glasgow y escribió mucho sobre cuestiones éticas, su primer libro La teoría de los sentimientos morales fue publicado diecisiete años antes que La riqueza de las naciones.

Con el fracaso del comunismo la economía de mercado se elevó a dogma universal, pero ese ciclo triunfalista colapsó muy pronto, los abusos de instituciones financieras ineficazmente reguladas en lo legal y escasamente regidas por la moral provocaron la gran crisis que padece la humanidad.

Pero así como hay muchos lobos del mercado, también existen algunos apóstoles de la justicia, Michael J. Sandel, profesor de ética en Harvard escribió Justicia un libro extraordinario y muy aclamado, recientemente ha aparecido su obra Lo que el dinero no puede comprar (Debate, 2013), ensayo en el que trata sobre los límites morales del mercado y en el que a la pregunta, ¿por qué nos preocupa que vayamos hacia una sociedad en la que todo está en venta? responde, porque eso produce desigualdad y corrupción.

En una sociedad en la que todo está en venta (pagar por no hacer colas, permisos de procreación, depósitos de residuos radioactivos, emisión de dióxido de carbono a la atmósfera, economía del amor, bonos de la muerte, venta de autógrafos, publicidad corporal, vientres de alquiler) la vida resulta difícil para personas con recursos modestos ya que cuantas más cosas puede comprar el dinero, más importancia adquiere la abundancia (o su ausencia).

Sandel sostiene que donde todas las cosas buenas (en el sentido de virtud) se compran y se venden, tener dinero supone la mayor de las diferencias, eso explica que en las últimas décadas se ha ensanchado la brecha entre ricos y pobres y por qué se ha abierto más la herida de la desigualdad.

El segundo motivo es más difícil de describir, aquí ya no es la desigualdad o la injusticia lo que preocupa sino la tendencia corrosiva de los mercados, ya que poner un precio a las cosas buenas de la vida puede corromperlas. Pagar a niños por leer libros podrá hacer que lean más, pero quita una fuente de satisfacción en sí; contratar mercenarios extranjeros puede ahorrar vidas de nacionales, pero corrompe el significado de ciudadanía.

En la política contemporánea el asunto del papel y el alcance de los mercados es tema relevante, pensar los límites del mercado requiere razonar públicamente sobre cómo valorar los bienes sociales; en el intento de repensar el papel y alcance de los mercados -según Sandel- existen dos obstáculos, el poder y el prestigio del pensamiento mercantil (incluso después de las crisis financieras), el otro es el rencor y el vacío del discurso público.

Ese vacío moral de la política contemporánea tiene diversos orígenes, uno es el intento de desterrar del discurso público toda noción de vida buena, otro,  que los mercados no emiten juicios sobre las preferencias que satisfacen, no se preguntan si ciertas maneras de valorar bienes son más nobles o más dignas que otras y esa actitud de abstención de todo juicio relativo a valores está en el corazón del razonamiento mercantil.

El reto moral y político al que hoy nos enfrentamos, afirma Sandel, debe ser repensar el papel y el alcance de los mercados en nuestras prácticas sociales, en nuestras relaciones humanas y en la vida cotidiana.

Por otra parte, a la duda universal de si el dinero trae la felicidad, el economista británico Tim Harford responde que no, pero ayuda, y explica, las estadísticas muestran que  quienes vivimos en una sociedad el doble de rica que la de nuestros padres no somos más felices que ellos y que esas mismas estadísticas muestran que, en la sociedad actual, si tengo el doble de dinero que el hombre que está al lado hay altas posibilidades de que yo sea más feliz.

La importancia que tienen las ideas expuestas en el libro que se comenta (y en otros como el muy novedoso de Piketty que marcará una época) es una invitación a vivir con base en valores morales y no como rehenes del valor de los mercados.

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