Al Derecho

Maniqueísmo

En ejercicio de sus facultades constitucionales, el presidente de la República presentó al Senado una terna para la designación de un ministro que cubriera una vacante en la Suprema Corte de Justicia de la Nación. La inclusión de Eduardo Medina Mora despertó una oleada de objeciones por parte de un amplio sector del llamado “círculo rojo” (aquellos que su opinión es relevante).

El diccionario de la lengua define maniqueísmo como la “tendencia a interpretar la realidad sobre la base de una valoración dicotómica”; en este caso, los que rechazaban la propuesta del presidente asumieron el papel de los “buenos” frente a los “malos”: Peña Nieto, Medina Mora y los senadores que lo apoyaron.

Quienes aducen que el presidente propuso al hoy ministro por ser su compadre y amigo exhiben candidez, deberían analizar a fondo cuáles son las razones por las que tres presidentes (caso único en la historia de México) han solicitado al Senado que ratifique a una persona ¡en cuatro ocasiones, en solo ocho años! como Procurador General de la República en diciembre del 2006, como embajador de México en la Gran Bretaña en 2009, como embajador en Estados Unidos en 2012 y en marzo del 2015 como Ministro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación. ¿De quién es más amigo Eduardo Medina Mora, de Fox, de Calderón, de Peña Nieto, de los senadores de dos diferentes legislaturas o de la Divina Providencia?

Quienes afirman que no cumplía el requisito de residencia no tienen razón, las reglas del Derecho Internacional y el Código Civil Federal precisan que la residencia es el lugar en el que una persona habita (la residencia temporal no puede ser habitual), y en el caso de los diplomáticos debe existir un vínculo con un ordenamiento jurídico, los embajadores no pagan impuestos en el país extranjero (tributan y votan en México), además, de acuerdo a las normas del Derecho Internacional están exentos de inscribirse como extranjeros y a obtener autorización de residencia en el país ante el que están acreditados. 

Respecto de la exigencia constitucional de gozar de buena reputación, capacidad y probidad, estos requisitos se satisfacen plenamente, no así el de la eficiencia en el desempeño pues Medina Mora como procurador ha sido tan mediocre como los últimos procuradores que ha habido en México, pero de eso a querer hacerlo responsable de la violencia que vivimos es hipócrita e infantil. Por cierto, antes que Medina Mora, Carlos Franco Sodi, Antonio Rocha Cordero (movimiento estudiantil de 1968), David Franco Rodríguez, Miguel Montes García (caso Colosio), Jorge Carpizo (caso Posadas) y Diego Valadés son algunos procuradores generales que pasaron a ser ministros de la Suprema Corte.

Si Eduardo Medina Mora es una persona capaz, preparada, honesta, que ha desempeñado relevantes funciones públicas y que gozaba de amplia aceptación (hasta hace dos meses) en todos los círculos, ¿a qué se debe la inquina que provocó su nombramiento como Ministro?

Las críticas porque el presidente lo propuso por ser su amigo son endebles; que no merecía ser ministro porque fue mal procurador (aceptando que lo fue), en su descargo debe decirse con franqueza que la Corte ha tenido ministros deshonestos y de peor desempeño profesional que Medina Mora; el hecho que no era miembro de la carrera judicial, me parece que en la Corte debe haber equilibrios (actualmente seis no provienen de la carrera contra cinco que sí) pues eso enriquece a ese colegio, más cuando llega una persona culta, con experiencia interna y que tiene una visión más amplia del mundo.

Pienso que los ataques a Medina Mora se deben más a su raigambre cristiana y a su origen familiar, su padre, dirigente del Movimiento Familiar Cristiano y destacado ideólogo del pensamiento social de la Iglesia supo formar con acendrados valores morales a su familia y me parece que eso le molesta a muchos iluminados(as) que no toleran que alguien a quien califican de pensamiento conservador llegue a la Corte y pueda votar en contra de determinados proyectos de “avanzada”.  

Es aberrante que algunos(as) de quienes criticaron el procedimiento de esa designación también fueron electos por órganos legislativos para desempeñar funciones públicas, en muchos casos sin más méritos que la amistad o la respectiva cuota partidista. Eso es maniqueísmo duro y puro.

 

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