Al Derecho

Vacío moral

La Vanguardia, es un periódico que se edita en Barcelona desde 1881, con motivo de su 135 aniversario publicó una serie de reportajes con el título "2100: La vida en el futuro"; uno de estos se dedicó a la desigualdad, a la que se definió como "el enemigo número uno" (9 de marzo del 2016).

En la época del nacimiento de ese diario las economías más avanzadas del capitalismo industrial iniciaban una fase de concentración de la riqueza, de ahí que se hicieron esfuerzos por limitar o controlar esa excesiva concentración; en los Estados Unidos, el senador John Sherman fue el autor, en 1890, de la importante Ley Antimonopolios, y ya entonces decía: "la mente popular está agitada por problemas que pueden perturbar el orden social; ninguno es más amenazador que la desigualdad de la riqueza creada por la concentración del capital".

Hace más de cien años el presidente de los Estados Unidos Theodor Roosevelt promovió leyes con el fin de moderar el creciente poder de las minorías económicas; después de la Primera Guerra Mundial la desigualdad creció, se produjo el crac bursátil de 1929 y la Gran Depresión.

Sería otro Roosevelt, el presidente Franklin Delano, quien al haber ideado y puesto en marcha exitosos programas contribuyó a que se aumentara la renta de las clases medias y pobres, la política económica que entonces se impulsó en los Estados Unidos, Europa, Japón y otros países sentó las bases de un largo tiempo de crecimiento y bienestar económico, en ese reportaje se afirma que el periodo de la posguerra y hasta la década de los setenta la desigualdad se mantuvo en niveles muy por debajo de los anteriores.

Pero esa larga etapa pareciera haber concluido, según datos de Emanuel Sáez, colaborador de Piketty en la Universidad de Berkeley, el 97 por ciento de la renta creada en EE.UU. entre el 2009 y el 2013 fue a parar a los bolsillos del 1 por ciento de la población. Además (se señala en el reportaje de La Vanguardia) los 20 hombres (y una mujer) más ricos de Estados Unidos ya tienen más riqueza que la mitad de la población de ese país, es decir, que 150 millones de estadunidenses.

La abismal desigualdad económica que se vive en el mundo se demuestra con el hecho que el 1 por ciento más rico de la población mundial acumula más patrimonio que el 50 por ciento más pobre, y según Piketty, tal polarización nos ubica en la situación que se vivía en la Inglaterra del siglo XVIII y en Francia antes de la revolución.

Uno de los pensadores más brillantes de los últimos años, el historiador y escritor británico Tony Judt (1948-2010), egresado y profesor de la Universidad de Cambridge, en su último libro Algo va mal (Taurus, 2010) que se considera su testamento político y es una defensa sólida de la social democracia, expone su preocupación por el hecho que la sociedad ha hecho del dinero su único criterio moral y ha convertido en virtud la búsqueda del interés material, lo que ha provocado un crecimiento salvaje de la desigualdad interior entre los países, la humillación sistemática de los más débiles, los abusos de los poderes no democráticos –empezando por el poder económico- frente a los cuales el estado es impotente, y sin que esto cause el menor revuelo o indignación.

Recordando a Adam Smith, autor de un libro sobre lo sentimientos morales en el siglo XVIII, quien decía que la causa más grande y más universal de la corrupción de nuestros sentimientos morales es el carácter destructivo de la cultura de admiración de la riqueza, Judt pensaba que la ceguera del mundo en que vivimos y el aumento global de la riqueza disimula las disparidades distributivas que colapsan la movilidad social y destruyen la confianza mutua indispensable para dar sentido a la vida en sociedad.

Una de las tesis más interesantes de Tony Judt es que el gran problema es el vacío moral que existe, y afirma, no podemos seguir evaluando el mundo y decidiendo las opciones necesarias sin referentes y juicios morales, ya que solo sobre ellos se puede reconstruir la confianza, y la confianza es necesaria para el buen funcionamiento de todo, incluso de los mercados. La idea de una sociedad en la que los únicos vínculos son las relaciones y los sentimientos que surgen del interés pecuniario es esencialmente repulsiva.

Es verdad que el vacío moral en que vivimos incrementa la desigualdad, pero también es cierto que el amor, la necesidad o la carencia del dinero es una de las principales causas de la infelicidad de la mayoría de la población.

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