Al Derecho

Intolerancia

Ante las crecientes muestras de intolerancia religiosa, sobre todo del islamismo más radical, conviene recordar que esas prácticas han sido un fenómeno recurrente a lo largo de la historia.

Pedro Cerezo Galán, en uno de los capítulos de su libro Ética pública Éthos civil (Madrid, 2010) escribe: “Una meditación sobre la tolerancia es hoy tan inexcusable como lo fue en el pasado, en tiempos de crisis y confusión la sociedad liberal democrática necesita actualizar la memoria de sus orígenes y reactivar aquellas actitudes fundamentales que constituyen el humus civil de la convivencia”.

El 27 de octubre de 1553, por el celo fanático de Calvino, moría en la hoguera el español Miguel Servet, de su martirio, dice Cerezo, va a brotar la conciencia más lúcida de la tolerancia pues el humanista Sebastián Castellio levantó su voz acusatoria para denunciar este crimen diciendo: “Buscar y decir la verdad, tal como se piensa, no puede ser nunca un delito. A nadie se le debe obligar a creer. La conciencia es libre, ninguna instancia humana, eclesiástica o política, tiene derecho a inmiscuirse en el recinto de las creencias, pues cada uno de nosotros debe responder ante su conciencia y ante Dios”.

Años más tarde, en 1572, sucedió la sangrienta noche de San Bartolomé, en París, masacre en la que se asesinó a centenares de hugonotes (seguidores de Calvino). Posteriormente, en 1600, se producirá la quema del filósofo Giordano Bruno a manos de la Inquisición romana, hecho que según Cerezo, volvió a estremecer la conciencia moral de su tiempo como resultado de su rebeldía moral, que permanece como una eterna lección contra el fanatismo.

Un siglo después Voltaire escribió el Tratado de la tolerancia, obra que junto con La carta sobre la tolerancia de John Locke, serán las más importantes contribuciones del pensamiento liberal e ilustrado en la lucha contra la intolerancia y el fanatismo religioso y marcan el inicio de una corriente de pensamiento en la que ha crecido la tolerancia como un concepto filosófico de estricta racionalidad.

La tolerancia vinculada con el ejercicio de la libertad, sostiene Pedro Cerezo, es una virtud moral, civil y activa, militante, que lucha contra toda forma de opresión a la vez que alimenta nuevos modos y hábitos de convivencia, implica abrirse al otro y dejarle sitio, lo que a su vez, supone respeto a su libertad, que es el fundamento de su dignidad como persona y respeto a su alteridad en su estricta individualidad y diferencia.

Samuel Huntington en su libro El choque de civilizaciones (Paidós, 1997) habla que el resurgimiento islámico en su manifestación política guarda cierta semejanza con el marxismo: textos escritos sagrados, una visión de la sociedad perfecta, interés en un cambio fundamental, rechazo de las potencias que existen y del Estado nacional, así como una diversidad doctrinal que va del reformista moderado al revolucionario violento y que una analogía más útil es la Reforma protestante, movimientos complejos, con tendencias diversas, luteranismo y calvinismo, fundamentalismo chiíta y sunnita. 

El propio Huntington escribió hace veinte años que mientras que a Europa el problema inmediato se lo plantean los musulmanes, quienes se lo plantean a los Estados Unidos son los mexicanos, tesis que ratificaría y profundizaría en un libro posterior que se titula ¿Quiénes somos? en el que insiste en que el problema fundamental seguirá siendo el grado en el que los mexicanos se asimilen a la sociedad norteamericana como lo han hecho los grupos inmigrantes anteriores.

La tolerancia es un valor que debe prevalecer entre todos los seres humanos al margen de creencias religiosas, sistemas políticos o prácticas culturales. Por eso es inaceptable que los islamitas tengan amenazada a la sociedad occidental por no pensar –ni actuar- como ellos, pero más inaceptable sería ceder a tales presiones y exigencias pues eso supondría cancelar la lucha por la libertad que ha librado la humanidad durante siglos.

Así como en los Estados Unidos muchas cosas cambiaron después del 11 de septiembre del 2001 la Unión Europea seguramente adoptará nuevas medidas migratorias y políticas menos complacientes con los musulmanes para evitar ataques terroristas.

Más que querer propagar su religión los islamistas pretenden imponer un modo de vida que es contrario a la libertad y a la razón.

 

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