Al Derecho

Intentos de secesión

En los últimos años se ha despertado un creciente fervor nacionalista que amenaza con destruir la integridad territorial de algunos países en los que se han iniciado procesos formales de separación por parte de algunas regiones que pretenden convertirse en estados independientes alegando reivindicaciones históricas, cuestiones religiosas, lingüísticas,  factores étnicos o aduciendo “mal trato del Gobierno central”.

Hace unas semanas la región de Crimea decidió separarse de Ucrania, para tratar de “legitimar” ese hecho convocó y realizó en unos cuantos días un referéndum de dudosa calidad democrática y franca violación constitucional, razón por la que muchos países no reconocen la validez de ese proceso que más que una separación fue una anexión que impulsó Rusia, país que todavía quiere engullir más regiones de Ucrania por lo que este conflicto seguirá siendo motivo de preocupación mundial.

En septiembre y noviembre próximos en Cataluña y en Escocia se realizarán referéndums sobre la pertinencia o no de abandonar España y el Reino Unido; Stephen Tierney en su libro Constitutional Referendums (Oxford, 2012), estima que en 58 de las democracias más funcionales en países de más de tres millones de habitantes, al menos en 39 de ellos se han realizado procesos de referéndum entre 1975 y el 2011.

Tierney identifica cuatro tipos de referéndums: para fundar nuevos países (Montenegro en el 2006, Sudan del Sur en 2011); para aprobar nuevas constituciones (España en 1978, Iraq en 2005) o para reformar las constituciones; para transferir parte de la soberanía a órganos multinacionales (la ratificación del Tratado de Maastricht o la incorporación de países a la Unión Europea); y el cuarto tipo, para consultar al pueblo respecto del establecimiento de nuevos modelos territoriales, modelo que pretende seguirse por parte de catalanes y escoceses.

El referéndum convocado por el gobierno regional de Cataluña para el 18 de septiembre es inconstitucional, no se cumplió con lo previsto en la Constitución (debe ser convocado por el Rey, a petición del Presidente del Congreso, previa autorización del Congreso de los Diputados) y el Tribunal Constitucional ya ha dicho que no producirá consecuencias jurídicas; el gobierno y los partidos políticos nacionales se oponen frontalmente a esta escisión, por su parte, la Unión Europea ya manifestó que la hipotética separación de España no obtendría el reconocimiento como Estado soberano. Aun cuando el resultado no cambiará nada, debe servir para abrir un proceso de negociación que culmine con reformas constitucionales que permitan resolver, de una vez por todas, “el problema catalán”.

Escocia es un caso diferente, ese país desde hace 300 años es parte del Reino Unido de la Gran Bretaña, a pesar de que en 1997 mediante el proceso conocido como devolución se restableció su Parlamento y se le dotó de autogobierno esos logros no fueron suficientes para el Partido Nacionalista Escocés que con su victoria del 2011 exacerbó la pretensión secesionista y logró la firma de un acuerdo con el Gobierno y Parlamento británico para organizar el próximo noviembre un referéndum para que los escoceses decidan si quieren recuperar su independencia o prefieren seguir siendo súbditos de su Majestad, la que a sus 88 años de edad y 62 como Jefa de Estado ve impasible cualquier suceso político.

En una reunión con profesores de la Universidad de Edimburgo, celebrada hace unos días en el Old College, les pude preguntar su opinión sobre las encuestas que indican que votaría un 50% del electorado, que el 42% estaría a favor de la separación, 38% en contra y un 20% de indecisos, y una de las respuestas fue que en ese supuesto los independentistas tendrían el apoyo de apenas uno de cada cinco ciudadanos, lo que confirma que la tendencia del no será mayoritaria.

Al día siguiente el ex primer ministro Gordon Brown (escocés) hizo énfasis en los problemas económicos que se producirían en caso de la secesión, en particular resaltó que las pensiones costarían tres veces más que ahora y que los ingresos del petróleo no serían suficientes para cubrirlas, a lo que habría que agregar que si ganaran los independentistas no se podría utilizar la libra como moneda y tampoco serían reconocidos por la Unión Europea, hechos que seguramente influirán en los votantes.

La realidad se impondrá al populismo, esos intentos de secesión no prosperarán.

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