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Innovación

El secreto de la innovación radica en el talento de la gente, más que en los recursos o incentivos económicos.

Uno de las acepciones del verbo innovar es “introducir novedades”, de ahí la importancia que tiene toda acción encaminada a crear o modificar un producto, introducir en el mercado un nuevo concepto de servicio u objeto de consumo, a pesar de que pareciera que todo está creado, lo cierto es que cada día surgen nuevos objetos en el mercado y se desarrollan nuevas ideas y productos para vivir con más confort, mejorar la salud o alargar la vida.

El periodista argentino-americano Andrés Oppenheimer en su más reciente libro titulado ¡Crear o morir! La esperanza de América Latina y las cinco claves de la innovación (Debate, 2014) expresa su interés porque los latinoamericanos se pueden convertir en personas creativas dentro de una cultura innovadora y expone algunas experiencias de casos exitosos en el mundo.

Existe coincidencia en que el secreto de la innovación radica en el talento de la gente, más que en los recursos o incentivos económicos; explica que hoy en día la prosperidad de los países depende menos de sus recursos naturales y cada vez más de sus sistemas educativos, científicos y sus innovadores, de ahí que no es casual que Apple valga 20 por ciento más que todo el producto bruto de Argentina y más del doble del producto bruto de Venezuela. 

Inicia su análisis tratando de explicar el mundo que se viene, afirma que estamos entrando en un periodo de transformación radical en el que la creatividad juega un papel fundamental en nuestras vidas, describe la creatividad como un proceso social, nuestros más grandes avances vienen de la gente de la que aprendemos, de la gente con la que competimos y de la gente con la que colaboramos.

Al hablar del mundo del futuro menciona algunos inventos que están surgiendo, las impresoras 3D que pueden reproducir zapatos, ropa, partes de automóviles, órganos del cuerpo, alimentos y muchas cosas más; los drones que reparten pizza; los autos sin conductor; el big data, la educación personalizada o “al revés” (aprender en casa, ir a la escuela solo a hacer tareas en equipo); los viajes a las estrellas y otras innovaciones.

Oppenheimer exalta el valor de las ciudades y cita a Richard Florida quien sostiene que la gente quiere vivir en ciudades vibrantes, con energía, ya que los lugares más propicios para la innovación son aquellas donde florecen las artes, las nuevas expresiones musicales, donde hay una gran población gay, donde hay buena cocina, además de buenas universidades, todo lo cual puede transformar la creatividad en innovación.

Afirma que el secreto del éxito de Silicon Valley es la gente, no el gobierno, los incentivos económicos o los parques tecnológicos, el secreto es el tipo de gente que ahí se concentra, una aglomeración de mentes creativas de todo el mundo que llegan atraídas por el ambiente de aceptación a la diversidad étnica, cultural y hasta sexual, el 53 por ciento de los residentes son extranjeros, muchos de ellos jóvenes ingenieros y científicos de diversos países, por eso en Palo Alto, California, existe la mayor concentración de innovadores del mundo.

Una de las cosas que más le llamó la atención durante sus visitas a Sillicon Valley fue la naturalidad con la que la gente habla de sus fracasos, explica que muchos de los emprendedores que conoció le contaron sus fracasos casi con orgullo y pudo comprobar que enumerarlos constituye una típica carta de presentación de los emprendedores ya que todo el mundo entiende que con cada fracaso aprendiste algo y que por lo tanto eres más sabio que antes, a diferencia de nosotros que tenemos una cultura social –y legal- que no tolera el fracaso.

En su libro describe varios casos de éxito, un chef peruano, el mexicano creador de drones, un español que investiga el mapa de la actividad del cerebro, el desarrollador de las impresoras 3D, y otros más; y concluye, en América Latina no falta el talento, solo es necesario crear una cultura y fomentar la educación para la innovación (en Jalisco ya existe una Secretaría), derogar las leyes que matan la innovación, estimular la inversión en innovación y globalizar la innovación si es que queremos ser parte de la nueva economía de la creatividad del siglo XXI.

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