Al Derecho

Indígenas

En la misa celebrada por el Papa Francisco en San Cristóbal de las Casas pidió perdón a los indígenas porque: "Muchas veces, de modo sistemático y estructural, sus pueblos han sido incomprendidos y excluidos de la sociedad... Qué bien nos haría a todos hacer un examen de conciencia y aprender a decir: ¡Perdón! Perdón hermanos. El mundo de hoy, despojado por la cultura del descarte, los necesita a ustedes".

Cuánta razón tiene el Papa, en América los indígenas han sido excluidos de modo sistemático y estructural no solo en el mundo de hoy sino también en el de ayer, para confirmar esa aseveración basta leer la Recopilación de leyes de los reinos de las Indias de 1681 (Antología, SEP), en el sexto libro se regula la situación de los indios en el virreinato, tema tan debatido entonces como ahora.

A pesar que en la Ley Primera se contiene un cúmulo de exhortaciones a los Virreyes, Presidentes, Audiencias y demás autoridades para que los indios sean favorecidos y amparados por las justicias eclesiásticas y seculares, para que cuidaran y miraran por ellos respecto de su libertad, aumento y alivio, los faculta a dar órdenes para que sean amparados, favorecidos y sobrellevados, desea que se remedien los daños que padecen y vivan sin molestia ni vejación, aboga porque las leyes les favorezcan, amparen y defiendan de cualesquier agravios, exigía que se castigue con particular y rigurosa demostración a los transgresores, y rogaba y encaraba a los Prelados eclesiásticos que los trataran como verdaderos padres espirituales, les dieran su protección y los conservaran en sus privilegios y prerrogativas, lo cierto es que, salvo contadas excepciones, esto no se cumplió.

Pero no todas las disposiciones eran proteccionistas, la mayor parte de ellas establecían limitaciones, por ejemplo, se prohibía que los indios anduvieran a caballo; se ordenaba que no se les vendiera vino; se mandaba que nadie vendiera ni rescatara armas ofensivas ni defensivas (espada, puñal o daga) a los indios y que quien violara esta orden sería multado la primera vez y la segunda perdería la mitad de sus bienes y sufriría pena corporal.

También se establecía que los indios fueran reducidos a pueblos para que vivieran en concierto y policía y no fueran privados de todo beneficio espiritual y temporal, y que una vez repartidos deberían pagar al Rey con algún moderado tributo "porque es cosa justa y razonable que pacificados y reducidos a nuestra obediencia y vasallaje, nos sirvan y den tributo en reconocimiento del señorío y servicio, que como nuestros súbditos y vasallos deben". Además se declaraba que los hijos de negros e indias, habidos en matrimonio, tributaran como indios.

Sorprende la manera tan detallada como se regulaba la forma de pagar esos tributos, los caciques y sus hijos mayores estaban exentos del pago, se quitaban las tasas de servicio personal pero se ordenaba que los pagos se hicieran en frutos o especies "con la mayor suavidad que fuera posible".

Un capítulo importante es el relativo a los repartimientos, encomiendas y pensiones de indios, se facultaba que el adelantado, gobernador o pacificador repartiera los indios entre los pobladores, para que cada uno se encargara de defenderlos y ampararlos; se permitía que todos los indios que se pacificasen fuesen encomendados a los descubridores y pobladores; que los títulos deberían contener el número de indios, el verdadero valor y distrito de la encomienda; que a la muerte de los últimos poseedores pasaran a sus sucesores; y se prohibía que los indios fueran alquilados o dados en prenda, so pena de perder esos indios.

Se establecía que el motivo de las encomiendas era el bien espiritual y temporal de los indios, de ahí que los encomenderos deberían defenderlos y ampararlos en sus personas y haciendas, y quien no lo hiciera sería castigado y privado de la encomienda. Se prohibía que los negros tuvieran comunicación con los indios ya que "son los negros muy perjudiciales porque los ayudan a embriagueces, vicios y malas costumbres, hurtan sus haciendas y hacen otros muchos daños", y se establecían castigos muy severos para los negros que maltrataran a los indios.

Destaca la prohibición expresa del uso de la coca que se hacía a los indios del Perú "porque de su uso se siguen grandes inconvenientes y porque fingen que trayéndola en la boca les da más fuerza y vigor para el trabajo", y según afirman los experimentados, esa es una ilusión del demonio ya que por su consumo mueren muchos, y otros salen enfermos y débiles.

A pesar de leyes, discursos y sentimientos muy proteccionistas, la realidad de los indígenas sigue siendo muy incomprendida y muy excluyente.

csepulveda108@gmail.com