Al Derecho

Impudicia

En el PRI se debería analizar fríamente si las conductas escandalosas de su dirigente en el Distrito Federal no han tenido una afectación directa en la consistente pérdida de sufragios.

El diccionario define la impudicia como “deshonestidad, falta de recato y pudor”; honestidad significa tener la cualidad de honesto; honesto, según la RAE, es “decente o  decoroso, recatado, pudoroso, razonable, justo, probo, recto, honrado”. Sorprende que la Academia para definir al honesto utilice nueve adjetivos y propiamente no de una definición del término, así mismo que defina al honrado “el que procede con honradez”, y la honradez, como “rectitud de ánimo, integridad en el obrar”.

Esa explicación de honestidad contrasta con la idea común de que una persona honesta es aquella que no roba, que no exige dinero o que no abusa del poder para su beneficio personal, de ahí que deshonesto es el estigma que se ha puesto a políticos y funcionarios públicos (lo cual es cierto en muchos casos) pero quizá no es el término más correcto ya que el diccionario dice que corrupto es alguien “que se deja o ha dejado sobornar, pervertir o viciar”.

Las conductas de los corruptos son sancionables legalmente, no así los actos impúdicos que se cometen con falta de pudor o recato, que menosprecian las reglas morales pues muchos creen que la moral por ser algo “privado” no afecta o no tiene que ver el comportamiento personal con el desempeño de cargos públicos o de dirigencia partidista, pero la realidad, siempre tan terca, demuestra que quienes así piensan cometen un craso error de apreciación.

Es ingenuo pensar que no afecta vivir en forma contraria a la moral pues Maquiavelo (hace quinientos años) al separar la política de la moral y de la religión justificó que lo importante es alcanzar y preservar el poder sin importar los medios, pero la historia demuestra que varios presidentes, jefes de Gobierno, incluso monarcas, han sido destituidos, obligados a renunciar o a abdicar, por simples faltas morales como mentir, engañar o por conductas sexuales inadecuadas y no tanto porque hubieran cometidos delitos.

Es cierto que el derecho y la moral son diferentes, ésta es autónoma (no proviene de acto legislativo), interna (se da solo en el fuero interno), unilateral (solo está en juego la conducta individual) e incoercible (no obliga ni puede ser sancionada); en cambio, las normas jurídicas son heterónomas (provienen del legislador), externas (no importan los motivos de la conducta interna sino los resultados de los actos externos), bilateral (relaciona a dos o más partes) y coercitiva (el poder público impone la regla y la sanción); a pesar de tales diferencias, la moral sigue siendo la base del derecho y en la vida pública sigue –o debería seguir siendo- la norma rectora de la vida pública y de la conducta privada de gobernantes y políticos pues un elemento esencial para generar confianza, factor determinante para ganar elecciones, es gozar de respeto autoridad y legitimidad en el ejercicio del poder.

¿Hasta qué punto afecta electoralmente la conducta impúdica de los dirigentes? Aunque probablemente esa no es la causa determinante de las derrotas, en el PRI se debería analizar fríamente si las conductas escandalosas de su dirigente en el Distrito Federal no han tenido una afectación directa en la consistente pérdida de sufragios, al analizar los resultados de los últimos 20 años en el Distrito Federal se constata un descenso vertiginoso, en 1991, en la elección para diputados federales, obtuvo 1´504,192 votos (44%); en el 2000 esa cantidad se redujo a 986,023 votos (22%); solo alcanzó 346,266 votos en el 2006 (11.68%), ¡cinco veces menos que quince años antes!; en el 2012 tuvo una recuperación con 773,488 votos (16%), que no le alcanzó para ganar un solo distrito de mayoría y le aseguró seguir siendo la tercera fuerza política.

Es una pena que quienes conocían la conducta abusiva y desenfrenada de ese dirigente la toleraran, es triste que ninguna de las mujeres que fueron utilizadas lo hubiera denunciado, es sorprendente que hasta ahora nadie lo haya acusado formalmente ante autoridad competente, es indigno que este tipo de personas sigan manipulando a grupos sociales vulnerables y es lastimoso que en nuestro país exista tanta impudicia y pobreza moral.

No se sabe el final de esta historia de basura y si se castigará legalmente a quien ha sido señalado por conducta depravada, pero el hecho de haber sido defenestrado demuestra que la moral sí importa.

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