Al Derecho

Episcopologio

El Colegio de Notarios Públicos de Jalisco patrocinó la edición del libro Episcopologio de Guadalajara, escrito por el notario Héctor Antonio Martínez González, en el que se contienen las biografías de los 36 obispos efectivos y otros doce que habiendo sido designados, como explica el autor, “no llegaron”.

Este libro da cuenta del desarrollo de la diócesis creada en 1546 y elevada a Arquidiócesis en 1864, contiene las pinturas y datos relevantes de la vida y obra de cada uno de los obispos que la han presidido. Me sorprendió constatar que en estos 470 años únicamente seis de los titulares de esta diócesis han nacido en Jalisco, y solo dos en Guadalajara: Juan Leandro Gómez de Parada Valdés y Mendoza, décimo noveno obispo desempeñó el cargo de 1736 a 1751, y doscientos años después, de 1936 a 1969, don José Garibi Rivera.

Los otros cuatro obispos jaliscienses son Jacinto López Romo, de Encarnación de Díaz (febrero a diciembre de 1900); de 1970 a la fecha, con excepción del sexenio del Cardenal Posadas, han presidido la Arquidiócesis los cardenales José Salazar López, de Ameca; don Juan Sandoval Íñiguez, de Yahualica; y don José Francisco Robles Ortega, de Mascota.

Es una lástima que este catálogo no incluya a los obispos auxiliares que ha habido, personajes como don Francisco Javier Nuño Guerrero, quien durante 18 años fue obispo auxiliar y coadjutor (a quien evoco con gratitud), y lo señores Rafael García González, Antonio Sahagún López, Adolfo Hernández, José Guadalupe Martín Rábago, Javier Navarro, entre otros, fueron pilares del gobierno de la Iglesia local y después pasaron a ser titulares de diversas diócesis.

Durante cincuenta y seis años del siglo XX solo dos arzobispos gobernaron la Arquidiócesis de Guadalajara, de 1913 a 1936 el zamorano Francisco Orozco y Jiménez y el tapatío José Garibi Rivera, obispo auxiliar desde 1929, fue efectivo de 1936 a 1969.

El señor Orozco fue uno de los más importantes líderes en la lucha cristera, Héctor Antonio Martínez dice de él: “Su reciedumbre y fortaleza para defender la Iglesia, su fuerte personalidad, su gran liderazgo, su inteligencia y acierto para conducir con éxito lo que emprendía, sin lugar a dudas, provocaban los ataques de los detractores de la Iglesia en una época de conflictos, revueltas y persecuciones nacionales… falta mucho por decir de este gran Arzobispo de Guadalajara”.

El señor Garibi Rivera, primer Cardenal mexicano, fue obispo auxiliar y titular de la Arquidiócesis de Guadalajara durante cuarenta años, realizó una fructífera labor pastoral, destacó en la formación de sacerdotes en los seminarios de Guadalajara y Roma, tuvo gran influencia en el nombramiento de muchos obispos, ejerció una interlocución muy eficaz con los gobiernos, nacional y local, siempre se le reconoció su admirable capacidad de mediación con los seis presidentes de la República y la docena de gobernadores de Jalisco con los que mantuvo trato.

En abril de 1969 cuando ya no era Arzobispo concedió una entrevista a la revista Gente (No. 78), sus respuestas reflejan su inteligencia y prudencia: “En este momento, sin embargo, no tengo sino motivos de agradecimiento a todas las autoridades civiles. Desde el Presidente de la República hasta los posteriores gobernadores y presidentes municipales. Los contactos que hemos tenido desde aquella época han sido respetuosos y a veces de diferencia. Lo demás es cosa de la historia separada”.

Además de cristiano era un patriota: “Yo no condené ni autoricé la expropiación petrolera. Simplemente el Gobierno se comprometió a pagar una deuda y no le alcanzaba el dinero. Yo publiqué una carta invitando a los católicos a ayudar al Gobierno a cumplir sus promesas de pago. Era un deber patriótico, nacional, y creo que hicimos lo que debíamos”.

Con clarividencia expresó (¡hace 46 años!): “Me preocupan mucho las malas costumbres: el alcoholismo, las drogas. ¡Qué bueno que el gobierno las combata! Parte el alma ver la cantidad de miseria y suicidios que producen las drogas”.

La leyenda afirma que el mote de “rebaño sagrado” se debe a que en una misa para festejar el primer campeonato el señor Garibi llevaba una playera de las Chivas debajo de su sotana.

El artífice del clima de concordia y entendimiento entre los sectores político, empresarial y social fue don José Garibi Rivera, el más conspicuo líder de Jalisco. 

 

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