Al Derecho

Durabilidad de la democracia

La democracia nació hace más de 2,500 años pero ha tenido vigencia menos de cuatrocientos años y en unos cuantos lugares. Robert Dahl, Profesor de la Universidad de Yale en su libro La democracia una guía para los ciudadanos (Taurus, 1999) afirma que en 1870, de 39 países analizados solo dos eran democracias; en 1950, de 75 naciones, 25 se consideraban democracias; y en 1990, de 192 países solo 65 eran democráticos. Para la Freedom House en la década pasada solo 92 naciones eran democráticas, 65 se calificaban como “no muy democráticos”, el resto no se consideraban democráticos.

Es un hecho comprobado que la democracia no nace y queda establecida para siempre, su durabilidad es un fenómeno variable que depende de múltiples factores, en el siglo XX la democracia fracasó en decenas de ocasiones, muchos países pasaron de ser democráticos a vivir en regímenes autoritarios; en Europa misma, en donde  se formularon las teorías más importantes y ha existido mayor cultura, civilidad, racionalidad jurídica y política, como consecuencia de guerras civiles, las dos guerras mundiales, la implantación del comunismo en la Unión Soviética y en otros países, la democracia fue un proceso difícil de asentar.

En América Latina la mayor parte de las naciones durante casi toda la centuria pasada no vivieron en democracia como consecuencia de golpes de Estado, asonadas civiles y militares o liderazgos mesiánicos que dificultaron la  institucionalización de la democracia, su consolidación  o la ausencia de ésta.

Un caso paradigmático de interrupciones democráticas es Argentina, ese país, entre 1853 y 1930 tuvo un crecimiento económico del 5 por ciento anual y un ingreso per cápita similar al de los países desarrollados, según afirma Orlando J. Ferreres en su columna del periódico La Nación, “en aquel tiempo en Argentina se combinaron la mejor economía de mercado –Inglaterra- con la cultura francesa, la educación americana, las fuerzas armadas alemanas y la democracia de Estados Unidos”.

Esa época de esplendor terminó en 1930, entre 1931 y 1983 los argentinos padecieron seis gobiernos militares producto de golpes de Estado, dos gobiernos peronistas y varios presidentes civiles que ejercieron su poder bajo control militar, en esos 80 años, según datos de Ferreres, Argentina registró un crecimiento económico de 2.5 por ciento anual: Durante la dictadura de 1976-1983 apenas el 0.8 por ciento anual; recuperada la democracia, durante el periodo de Raúl Alfonsín (1984-1989) ese país decreció -4.8 por ciento; Con Carlos Menem (1990-1999) esa nación creció un 48.1 por ciento; después entre 2000-2003 decreció un 8.0 por ciento y sorprendente entre 2004 y 2014 con Kirchner y Cristina K. ha habido un crecimiento del 56.9 por ciento (4.2 por ciento anual).

En cualquier nación estarían más que satisfechos con el elevado índice de crecimiento económico de la última década en Argentina, sin embargo, la mayoría de los argentinos opinan que la situación de su país es muy preocupante y creen que con las últimas medidas de la presidenta se asemejan más a Venezuela o a Cuba y prevalece gran insatisfacción y rechazo al gobierno actual.

En Argentina habrá elecciones presidenciales en el 2015, los mayores de 16 años pueden votar voluntariamente pero es obligatorio a partir de los 18, en esta semana impartí una clase en la Facultad de Ciencias Políticas de la Universidad de Buenos Aires y las alumnas me explicaron que más que las sanciones por no votar (multas económicas, no expedición o renovación de la licencia de conducir o el pasaporte) la participación electoral supera el 80 por ciento del padrón más por convicción democrática que por el temor a la sanción.

Más allá de los problemas que ha habido para implantar la democracia y de los retos que afronta su existencia es un hecho irrefutable que en los países en los que su población obtiene menores ingresos es más difícil que subsista la democracia, en tanto que en aquellas sociedades en que se obtienen mayores ingresos se produce una menor desigualdad social y económica lo que se traduce en un incremento del nivel cultural lo que ayuda a la durabilidad de las democracias. 

La durabilidad de la democracia exige el mejoramiento de la calidad de vida de la población más que la simple práctica de emitir el voto en los procesos electorales.

 

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