Al Derecho

Democracia

Es conocido por todos que la democracia es una invención griega que se practicaba en el siglo V a.C en Atenas y en otras ciudades-Estado hasta que éstas pasaron a dominio macedonio; ese era un sistema sumamente complejo cuyo método de selección de cargos era principalmente el sorteo y no tanto el reconocimiento de las virtudes morales que tanto exaltaba el filósofo Aristóteles.

Al decir de J. Nun en 2,600 años de historia el fenómeno democrático solo se ha manifestado en algunos pocos lugares durante bastante menos de 400 años y es curioso que Maquiavelo, Montesquieu, Rousseau, J. Stuart Mill, entre otros teóricos que escribieron sobre la democracia, nunca la hubieran vivido.

El profesor español Ignacio Sotelo afirma que la democracia ateniense duró siglo y pico y que en un larguísimo trecho de 2,200 años, desde el siglo IV a.C. hasta finales del XVIII en Europa no solo no se practicó esta forma de gobierno sino que, con escasísimas excepciones, la opinión de los pocos que se manifestaron al respecto siempre fue negativa y que si se cuenta a partir del sufragio universal, la democracia en Europa apenas alcanza un siglo de antigüedad.

El escaso avance de la democracia se demuestra con el hecho que al inicio del siglo XIX en Estados Unidos cuatro quintas partes eran mujeres, menores, esclavos y negros que no podían votar, el 80% no tenía derechos políticos, o bien que a las mujeres se les otorgó el derecho a votar hasta en 1919 en Inglaterra.

En México según datos expuestos por Enrique Krauze, en 681 años (de 1325 al 2006) 196 años fueron teocracia indígena, 289 monarquía absoluta, 106 de dictaduras personales o de partido, 68 de guerras civiles o revoluciones y solo 22 de democracia; de 1821 a 1877, según Krauze,  hubo ocho formas de gobierno y treinta personas ocuparon la presidencia y después de los treinta años de Porfirio Díaz en los siguientes veinte años México tuvo diez presidentes.

Por muy imperfecta que sea nuestra democracia los mexicanos debemos sentirnos orgullosos de ser la única nación del mundo que de 1934 al 2012 ha elegido catorce presidentes de manera ininterrumpida, trece han concluido íntegramente su mandato, más sorprendente, en estos ochenta años ningún presidente falleció en el ejercicio, quedó incapacitado, renunció o  continuó en el poder de manera ilegal; en ese lapso en Estados Unidos fallecieron dos presidentes, uno renunció y otro (F.D. Roosevelt) fue electo en cuatro ocasiones, lo que obligó a modificar la Constitución para permitir una sola reelección; otro dato, en el siglo XX solo un general ocupó la presidencia en ese país.

Elegir representantes de manera libre y directa produce la democracia electoral, pero tener elecciones normales, regulares y legales no es el único objetivo de una sociedad democrática plena ya que como afirma el ex canciller argentino Dante Caputo en el libro Gobernando el futuro, escenarios latinoamericanos hacia 2020 (FCE, 2013), en las sociedades latinoamericanas está tomando creciente relevancia la necesidad de articular una concepción de lo que se denomina “la calidad de la democracia”, idea que se refiere centralmente al objetivo último de la democracia: la creación de bienestar.

Sostiene Caputo, quien desde el 2001 dirige los informes sobre el estado de la democracia en América Latina, que los desafíos actuales no tratan solo de la calidad como se elige, sino también de cómo se gobierna y de los resultados sobre el bienestar de una sociedad ya que en estos días la finalidad de la política democrática es extender el bienestar.

La noción de sociedad de bienestar viene en parte a restituir el sentido de la labor de la política en un momento donde la pérdida de finalidad parece signar a la política y sus actores. Caputo afirma que en la medida que nos alejemos de la sociedad de bienestar y del cumplimiento de lo exigible, se pone en riesgo la legitimidad y la eficacia de la democracia; de ahí que la sustentabilidad requiere democracias que ubiquen lo exigible dentro de un rango definido por la legitimidad y perdurabilidad.

No sólo del voto vive la democracia, la calidad de la democracia se traduce en la capacidad de resolver problemas sociales y crear condiciones óptimas para el bienestar de la población.

 

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