Al Derecho

Cumbres iberoamericanas

El descubrimiento de América consolidó la unidad de España, extendió la hispanidad en el nuevo continente y forjó una cultura que 500 años después se mantiene indisoluble por su riqueza, diversidad y población, prueba de esa unidad son las cumbres que han celebrado los jefes de Estado y de Gobierno en representación de los 622 millones de habitantes de los 22 países que en estos días se congregan en Panamá en la vigésima tercera edición.

Es bueno recordar que la primera de estas Cumbres se celebró en Guadalajara en julio de 1991, el anuncio de este evento se hizo solo unos meses antes, los trabajos tuvieron lugar en el Instituto Cabañas y visto lo visto veinte años después con el despilfarro que se hizo en los Juegos Panamericanos fuimos afortunados que entonces no se construyera ninguna obra faraónica con ese fin y mucho menos algún complejo deportivo destinado a la inutilidad.

Muy al contrario, en esos días el Gobernador Guillermo Cosío puso en operación algunas obras de gran utilidad, el acuaferico para distribuir agua del sistema de presas “La Zurda” que él impulsó, el alumbrado de la carretera al Aeropuerto, el ingreso sur-norte o libramiento de el Tapatio, el parque de la “Solidaridad Iberoamericana” y la construcción de la fase dos del Tren Ligero; el secretario de Desarrollo Urbano era el ingeniero Enrique Dau y el director del SIAPA, Aristeo Mejía, tres funcionarios que un año después serían víctimas de acciones abusivas del poder presidencial, injusticia que aún no se ha reparado.

Otros participantes de la Cumbre de Guadalajara tampoco concluyeron sus encargos, el presidente Collor de Melo fue destituido como presidente de Brasil en 1992; Jorge Serrano Elías fue depuesto como presidente de Guatemala en 1993; Alberto Fujimori que gobernaba Perú desde 1990 huyó cobardemente al Japón y desde ahí envió por fax su renuncia como presidente, en noviembre del 2000, cinco años después cometió el error de viajar a Chile (con escala en Tijuana) y un día después que arribó fue detenido y deportado a Perú, desde entonces está preso, ha recibido varias condenas, en estos día todavía se le han iniciado varios procesos y pareciera que físicamente está llegando a su fin.

En cambio, dos de ellos siguen mandando, Fidel Castro ejerce el poder desde 1959, a los 82 años de edad y 49 como jefe máximo de Cuba, en el 2008 le cedió la presidencia a su hermano Raúl que ahora también tiene 82 años y el Rey Juan Carlos, quien ya tiene 38 años como jefe de Estado de España, por razones médicas es la primera vez que no asiste a una Cumbre, además de ser el decano, es quizá el actor de la más recordada escena de estas reuniones cuando muy enfadado le espetó a un locuaz Hugo Chávez aquel “por qué no te callas”.

Los resultados son mínimos, en la clausura se emite una declaración en la que los países reiteran su compromiso para trabajar por la cooperación, impulsar el desarrollo, erradicar la pobreza, eficientar la democracia, mejorar la educación, crear más empleos, superar los desafíos económicos, fortalecer la integración regional y aprovechar las ventajas de la globalización, pero como esos objetivos no se han alcanzado, seguramente es necesario repetirlos para recordarles a los gobernantes en turno que siguen siendo asignaturas pendientes en países tan disímbolos como Brasil con 190 millones de habitantes y Andorra que solo tiene 84,000 habitantes y que apenas en 1993 se incorporó a la Organización de las Naciones Unidas.

De cualquier manera es encomiable este tipo de encuentros que permiten mantener vivo el espíritu hispanoamericano y que recuerdan nuestro origen común pues, como escribió Francisco Tomás y Valiente, ex presidente del Tribunal Constitucional (asesinado por la ETA): “cualquier lamentoso rechazo global a todo lo hecho por los conquistadores y colonizadores españoles en el Nuevo Mundo es contra histórico”.

En el primer artículo de la Constitución de Cádiz de 1812 se dispuso: “La Nación española es la reunión de todos los españoles en ambos hemisferios”.

Con la celebración de las cumbres se demuestra que dos siglos después los iberoamericanos mantienen la fidelidad a su origen, su relación de amistad y un compromiso conjunto de cooperación y solidaridad.